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Ocuparse de los problemas sexuales

El modo en que te sientas en torno al sexo y a tu capacidad para practicarlo se ve afectado por diversos factores, entre los que se incluyen aspectos psicológicos, tales como la manera en que te sientes respecto a tu persona y tu sexualidad, lo que crees que los demás pueden pensar de ti, tu deseo de tener hijos o la ansiedad y depresión generales.

Los factores físicos, asimismo, pueden afectar el rendimiento sexual; entre ellos estarían:

  • Los niveles hormonales
  • Los trastornos que afectan al flujo de sangre a los genitales
  • El proceso de envejecimiento natural
  • Los efectos secundarios de los fármacos tomados por problemas médicos
  • Las interacciones entre fármacos
  • El embarazo
  • El consumo de alcohol y drogas recreativas
  • La discapacidad física

Si estás experimentando algún problema sexual, es probable que no tenga una única causa, sino que más bien se deba a una combinación de los factores mencionados, tanto físicos como psicológicos.

Pese a que los problemas sexuales (a menudo denominados ‘disfunción sexual’) pueden suponer un problema para cualquier persona en diferentes momentos de su vida, es posible que las que viven con VIH se vean especialmente afectadas por ellos. La pérdida del impulso o deseo sexual (libido) puede tener un impacto significativo sobre tu calidad de vida, tus sentimientos de autoestima y las relaciones con tus parejas. Además, pueden alentar otros problemas emocionales como la ansiedad y la depresión.

Por lo común, los problemas sexuales surgen durante las experiencias estresantes de la vida, como puede ser el recibir un resultado positivo en la prueba del VIH. Es probable que sea un momento de conmoción, preocupación, miedo e incredulidad, por lo que no resulta extraño que el deseo y rendimiento sexuales se vean afectados. La preocupación ante la posibilidad de infectar a las parejas sexuales también puede afectar al deseo de sexo e intimidad.

En general, se registran tres tipos de problemas sexuales:

  • Problemas con el deseo: Habitualmente entrañan una pérdida de interés en el sexo, aunque a veces los deseos sexuales de una persona pueden aumentar de tal manera que se convierten en un problema.
  • Problemas con la excitación: Dificultades para conseguir o mantener una erección en el caso de los hombres, o para relajarse y lubricar, en el de las mujeres.
  • Problemas con el orgasmo: No se experimenta ningún orgasmo o cuesta mucho tiempo conseguirlo. En los hombres, también puede producirse la eyaculación precoz.

¿Qué causa los problemas sexuales?

El modo en que te sientas en cuanto al sexo y a tu propia persona puede contribuir al desarrollo de problemas sexuales. Con frecuencia, el estigma vinculado a la infección por VIH -u otras cuestiones como la homofobia o la desaprobación del sexo fuera del matrimonio, en el caso de algunas personas- significa que quienes tienen la infección sienten que su comportamiento sexual es, de algún modo, anormal o malo.

Asimismo, la manera en que interactúas con tu(s) pareja(s), junto con otros aspectos más amplios de tu relación (o relaciones), también puede afectar a tu rendimiento sexual.

Los aspectos físicos, igualmente, pueden ser importantes. Por ejemplo, a menudo, la disfunción sexual entre los hombres puede ser el resultado de una disminución en los niveles de testosterona (hipogonadismo), que también puede conducir a la aparición de fatiga y pérdida de la motivación y el deseo sexual. Se han descubierto unos niveles de testosterona inferiores a lo normal en personas con VIH, debidos a los efectos directos del virus o a un mal estado de salud crónico. Muchos hombres reciben un tratamiento con dicha hormona para aliviar estos problemas. Los varones que utilizan una terapia de reemplazo con testosterona suelen ganar masa muscular y experimentar tanto una mejora del estado emocional como un incremento de la libido. Es aconsejable debatir sobre esta terapia con un miembro del equipo médico que te atiende, antes de comenzarla. La terapia de reemplazo hormonal puede aumentar la libido de las mujeres después de que los niveles hormonales se hayan visto afectados por la menopausia.

En ocasiones, tanto el VIH como algunos tratamientos antirretrovirales pueden producir daños en los nervios (lo que se conoce como neuropatía), lo que puede desembocar en problemas eréctiles. Algunos fármacos anti-VIH -como ddI (didanosina, Videx/Videx EC), raramente utilizado en la actualidad- pueden causar insensibilidad en el área genital, y esto puede hacer que sea difícil alcanzar o mantener una erección. Por otro lado, se sabe que, en ocasiones, los inhibidores de la proteasa también pueden producir impotencia. Los problemas sexuales, asimismo, pueden ser debidos a los efectos secundarios de otros medicamentos. Muchos de los fármacos empleados habitualmente para tratar la depresión -como por ejemplo fluoxetina (Prozac)- pueden causar problemas de erección o dificultad para llegar al orgasmo.

Por otra parte, una mala salud general puede conducir a la aparición de problemas sexuales, ya sea provocando una pérdida de interés en el sexo o una incapacidad para funcionar sexualmente.

Un consumo excesivo de alcohol o de drogas recreativas también puede afectar tanto al deseo como a la capacidad para practicar el sexo. Asimismo, fumar puede producir disfunción eréctil.

Se ha comprobado que el uso de acetato de megestrol (Megace), un estimulante del apetito, ocasiona una pérdida de la libido.

Si tus problemas sexuales están presentes todo el tiempo y en todas las situaciones (por ejemplo, tanto con las parejas sexuales como al intentar masturbarte tu mismo/a), es probable que se deba a factores físicos, a los efectos de las drogas recreativas o el alcohol, o a efectos secundarios del tratamiento. Si, por el contrario, tus problemas sólo se producen en determinadas circunstancias -por ejemplo, con una pareja en particular, o cuando practicas sexo en determinadas condiciones-, posiblemente la causa haya que buscarla en los factores psicológicos.

... y ¿cómo enfrentarse a ellos?

El primer paso es reconocer y aceptar que existe un problema. No es necesario avergonzarse o sentirse incómodo si no estás satisfecho/a respecto a cómo te sientes con relación al sexo, o a tu comportamiento o rendimiento sexuales.

El siguiente paso puede ser hablar sobre lo que estás sintiendo o experimentando con tu pareja o una persona cercana y de confianza. Es posible que el médico del VIH pueda ayudarte o, en caso contrario, derivarte a otra persona que sí pueda hacerlo (un especialista, personal de enfermería, asesor de salud o personal de counselling).

Es posible también que tu médico te derive a una persona especializada en counselling del VIH, de modo que puedas exponer tus preocupaciones y problemas. En otros casos, lo adecuado podría ser una derivación a una terapia psicosexual (ofrecida en tu clínica del VIH) o a un servicio especializado en salud mental. Es posible que, como parte de una terapia cognitivo-conductual (TCC), se te ofrezca la posibilidad de realizar una ‘terapia verbal’, para ayudarte a reconocer y superar tus problemas sexuales.

Posiblemente, tu médico generalista (de cabecera) también pueda ayudarte con estos problemas, proporcionarte counselling en la consulta o derivarte a algún servicio local que ofrezca terapias verbales. Las organizaciones de apoyo relacionadas con el VIH pueden ser otro buen lugar donde buscar información y ayuda.

Si tienes dificultades para conseguir excitarte o eyacular, es importante identificar con exactitud el tipo de problema que estás experimentando y determinar sus posibles causas. Esto puede requerir la realización de un examen médico y algunas pruebas (tales como un simple análisis de sangre para comprobar los niveles hormonales, o para buscar otras dolencias que puedan ser las causantes).

En el caso de los hombres que sufren problemas de erección, existen varios medicamentos que pueden ser de ayuda. Si los análisis evidencian que tienes unos niveles bajos de testosterona, es posible que sea útil el uso de la terapia de reemplazo con testosterona. El equipo médico que te atiende la infección por VIH deberíaser capaz de ofrecerte asesoramiento sobreeste tema.

Si padeces problemas eréctiles en general, con tu pareja o parejas sexuales o al masturbarte, es probable que el empleo de fármacos como sildenafilo (Viagra), tadalafilo (Cialis) y vardenafilo (Levitra) suponga un tratamiento eficaz, ya que actúan aumentando el flujo de sangre al pene.

Sin embargo, existen contraindicaciones. Estos medicamentos deberían usarse con precaución si, además, se están tomando inhibidores de la proteasa, inhibidores de la transcriptasa inversa no análogos de nucleósido (ITINN), el fármaco antifúngico ketoconazol (Nizoral), itraconazol (Sporanox) o el antibiótico eritromicina, debido a posibles interacciones entre fármacos. Las personas que toman la dosis completa de ritonavir (Norvir) tendrían que evitar por completo el empleo de Levitra, y sólo podrían tomar cantidades limitadas de Viagra.

Es importante que adviertas que estás tomando otros medicamentos al médico que te prescribe los fármacos para la disfunción eréctil.

Del mismo modo, no tendrían que tomarse las drogas recreativas denominadas poppers (nitritos de amilo) cuando se está usando Viagra, Cialis o Levitra, ya que pueden provocar un descenso peligroso de la tensión arterial.

La dificultad para alcanzar la eyaculación o el orgasmo puede deberse a un efecto secundario de algunos fármacos, especialmente los antidepresivos. Tendrías que avisar a tu médico si padeces, y te preocupan, estos efectos adversos, dado que puede haber otros medicamentos disponibles con menos probabilidad de provocar esos problemas. Algunas personas consideran que la disminución del deseo sexual se ve compensada por los beneficios de un tratamiento efectivocontra la depresión.

La diversidad de soluciones médicas para las mujeres con problemas sexuales es más limitada. No existen equivalentes a Viagra, Cialis o Levitra. Aunque existen datos que sugieren que estos fármacos pueden ofrecer ciertos beneficios a las mujeres, no hay una conclusión clara al respecto.

Si experimentas problemas, por cualquier motivo, siempre es una buena idea tratar estos temas con alguien del equipo sanitario que te atiende. Es posible que exista alguna dolencia física (por ejemplo, los efectos del VIH, la diabetes o la mala salud general) que esté contribuyendo en cualquier problema sexual, al igual que otros factores, como los efectos secundarios de la medicación, el daño en la zona genital o el consumo abusivo de drogas duras o alcohol.

En el caso de las mujeres posmenopáusicas, la terapia de reemplazo hormonal puede contribuir al aumento de la libido y la reducción de la sequedad vaginal. El uso de un lubricante puede asimismo ser útil para aliviar el problema de la sequedad.

A menudo, los tipos de problemas sexuales declarados por las mujeres con VIH presentan unas causas psicológicas o sociales subyacentes (algunas de las cuales también pueden provocar problemas físicos). Con frecuencia, el hablar de estos temas, el counselling, la terapia cognitivo-conductual o la psicoterapia pueden resultar de ayuda y es posible que puedas acceder a estos servicios a través de la clínica del VIH o el médico generalista. Procura averiguar qué ayuda está disponible.

Community Consensus Statement on Access to HIV Treatment and its Use for Prevention

Together, we can make it happen

We can end HIV soon if people have equal access to HIV drugs as treatment and as PrEP, and have free choice over whether to take them.

Launched today, the Community Consensus Statement is a basic set of principles aimed at making sure that happens.

The Community Consensus Statement is a joint initiative of AVAC, EATG, MSMGF, GNP+, HIV i-Base, the International HIV/AIDS Alliance, ITPC and NAM/aidsmap
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