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Infecciones de transmisión sexual

Esta sección contiene una breve explicación sobre la frecuencia con que se transmiten las infecciones de transmisión sexual (ITS), sus síntomas y su tratamiento.

Las ITS pueden ser debidas a bacterias, virus o parásitos.

Las infecciones bacterianas pueden curarse con antibióticos, mientras que para tratar determinadas infecciones por virus pueden utilizarse fármacos antivirales; el uso de lociones puede eliminar las infestaciones por parásitos como la sarna o los piojos púbicos (también conocidos como ladillas).

Clamidia

Bacteria called Chlamydia trachomatis cause chlamydia.

Es una infección provocada por una bacteria denominada Chlamydia trachomatis.

Transmisión y cómo evitar la infección:

La bacteria se puede transmitir durante el sexo anal, oral y vaginal si no se usa condón, y puede afectar al ano, el pene, el cuello uterino, la garganta y los ojos. Se puede transmitir al bebé durante el parto, ocasionando infecciones en los ojos y el pecho. Véase también la entrada correspondiente a LGV (infección causada por unos tipos específicos de Chlamydia trachomatis) más adelante.

La infección por clamidia puede evitarse mediante el uso de un preservativo durante las relaciones vaginales o anales, el empleo de un condón o barrera dental durante el sexo oral y evitando compartir los juguetes sexuales.

Síntomas

Normalmente, los síntomas de clamidia se producen entre una y tres semanas después de la infección. Sin embargo, muchas personas que tienen esta infección lo ignoran. Se cree que hasta el 75% de las mujeres y el 50% de los hombres que viven con clamidia no presentan síntomas.

Cuando los síntomas se hacen visibles, por lo general en el caso de los hombres consisten en una secreción lechosa procedente del pene (que se produce sobre todo por la mañana) y una sensación de ardor al orinar. Los testículos pueden hincharse y resulta muy doloroso. Las mujeres que tienen clamidia pueden notar una secreción lechosa por la vagina y/o dolor en el bajo vientre o en la espalda, o experimentar dolor al mantener relaciones sexuales. Se puede producir un sangrado vaginal durante el sexo, sangrado fuera del período, o dolor al orinar.

En el caso de que una persona que se haya infectado por vía anal, esta puede notar dolor en la zona del ano y secreción a través del mismo.

Si no se trata la infección por clamidia, puede provocar la aparición de la enfermedad pélvica inflamatoria (EPI) en las mujeres, lo que puede causar embarazos ectópicos e infertilidad. Los hombres también pueden quedar estériles, ya que la clamidia es capaz de ocasionar epididimitis, una inflamación del epidídimo (el tubo que conecta los testículos con los conductos deferentes). En casos excepcionales, puede cortarse el flujo de sangre a los testículos. Los hombres y (más raramente) las mujeres pueden desarrollar el síndrome de Reiter, una enfermedad reactiva debido a la clamidia, que conduce a la aparición de artritis, uretritis e inflamación ocular.

Diagnóstico

La clamidia se diagnostica a partir de un frotis del pene, el cuello uterino, el ano o la vagina. La toma de estas muestras puede resultar algo incómoda, pero por lo general se obtienen con mucha rapidez. Algunas clínicas examinan las muestras de orina para buscar indicios de la infección por clamidia.

Sin embargo, es posible que las pruebas para determinar si la clamidia está presente requieran esperar hasta una semana. Es importante contactar con tu clínica para obtener el resultado de los análisis, de modo que puedas recibir tratamiento en caso de que se haya encontrado la infección.

Tratamiento

La clamidia se trata con antibióticos. Normalmente, el tratamiento consiste en un ciclo de siete días con doxiciclina, o una dosis única de azitromicina. Es fundamental que te tomes todas las píldoras para garantizar que la infección queda erradicada de tu organismo. También es importante asegurarse de que tu pareja reciba tratamiento antes de que volváis a tener relaciones sexuales. Los síntomas pueden persistir durante algunos días después de comenzar a tomar azitromicina, ya que este antibiótico tarda un tiempo en actuar.

Es aconsejable que no mantengas relaciones sexuales (ni siquiera con preservativo) hasta que haya finalizado el período de tratamiento, a fin de evitar la reinfección por clamidia.

Verrugas genitales y anales

Las verrugas genitales y anales están provocadas por el virus del papiloma humano (VPH). El VPH es una de las infecciones de transmisión sexual más común.

Transmisión y cómo evitar la infección

El virus puede transmitirse durante las relaciones sexuales anales, vaginales u orales sin protección, o simplemente por un contacto físico estrecho. Los preservativos pueden reducir el riesgo de transmisión, pero no siempre es así.

Síntomas

Las verrugas genitales se parecen a las que pueden aparecer en otras partes del cuerpo y, en general, consisten en pequeños bultos en la piel que presentan una textura ligeramente rugosa. Algunas personas que contraen el virus que provoca las verrugas no tienen verrugas visibles o no las notan. Las verrugas pueden aparecer en cualquier parte de la zona genital.

Algunos tipos de VPH están relacionados con un mayor riesgo de sufrir cáncer anal o de cuello de útero, y este riesgo podría ser incluso mayor en personas con VIH.

Diagnóstico

Las verrugas genitales se diagnostican a través de un examen visual y manual de la zona genital y anal.

El examen cervical (referido a la cérvix) es un procedimiento diseñado para detectar cambios celulares precancerosos (lo que se conoce como displasia) en el cuello uterino de la mujer antes de que se desarrolle cáncer. A veces, esta prueba es conocida también como de Papanicolau o citología. Consiste en tomar una pequeña muestra de células de la cérvix y examinarla en el laboratorio para ver si se ha producido algún cambio en ellas que sugiera un riesgo de que se pueda desarrollar cáncer en el futuro.

Se aconseja que las mujeres seropositivas se sometan a un examen cervical poco después de recibir el diagnóstico de VIH y, posteriormente, de forma regular. Las directrices europeas recomiendan que las mujeres se hagan este examen cada 1-3 años, pero las directrices de los distintos países pueden aconsejar una mayor frecuencia. El tratamiento de las células anómalas del cuello uterino es muy eficaz, siempre que se detecte a tiempo.

Se está estudiando las ventajas de realizar el examen para detectar células precancerosas en el canal anal. Es posible que, en el futuro, algunas clínicas del VIH empiecen a ofrecer exámenes anales como práctica de rutina.

Tratamiento

Tu propio sistema inmunitario puede eliminar la infección por el virus de las verrugas genitales, aunque puede requerir mucho tiempo. Existen varios tratamientos para quitar las verrugas visibles, incluyendo el uso de productos químicos para eliminarlas, la congelación, la cirugía láser o el empleo de una crema autoaplicable. Estos procedimientos pueden ser un poco incómodos.

Se han desarrollado vacunas contra los tipos de virus del papiloma humano considerados los causantes del cáncer anal y cervical y de las verrugas genitales. Se están realizando estudios para ver si dichas vacunas resultan seguras y proporcionan algún beneficio a las personas con VIH. Algunos médicos privados están ofreciendo la vacuna a estas personas, pero es cara y no te servirá de nada si ya tienes la cepa de VPH frente a la que actúa la vacuna. Si estás valorando la posibilidad de pagar para recibir la vacuna, deberías consultar con tu médico del VIH sobre los beneficios y desventajas.

Gonorrea

La gonorrea es una infección de transmisión sexual de tipo bacteriano.

Transmisión y cómo evitar la infección

La gonorrea se puede transmitir durante las relaciones anales, vaginales, orales y de rimming (o ‘beso negro’, estimulación oral del ano), y puede afectar al ano, el pene, el cuello de útero y la garganta.

Si esta ITS no es tratada puede aumentar la capacidad de infección de una persona con VIH. El padecer gonorrea también puede incrementar el riesgo de que una persona seronegativa se infecte si se expone al virus.

La gonorrea puede transmitirse de madre a hijo durante el parto (en un alumbramiento vaginal) y puede causar una infección en los ojos del bebé que, de no tratarse, supone un alto riesgo de ceguera. Asimismo, puede propagarse a través del torrente sanguíneo, ocasionando una sepsis (una reacción grave a la infección en el organismo) y, posiblemente, una forma de meningitis.

Se puede evitar la gonorrea utilizando un preservativo durante el sexo vaginal o anal, usando un condón o barrera dental durante el sexo oral y no compartiendo los juguetes sexuales.

Síntomas

En el caso de los hombres, éstos suelen consistir en una secreción amarillenta a través del pene y sensación de ardor al orinar. También es posible sentir dolor en los testículos y que se hinchen.

En las mujeres, los síntomas pueden incluir una sensación de ardor al orinar y una secreción vaginal descolorida o con sangre. Si la infección está localizada en el recto, tanto hombres como mujeres pueden experimentar una secreción semejante al moco o con sangre procedente del ano, dolor en esa zona sin hacer nada o al mantener relaciones sexuales anales. Por lo general, la gonorrea en la garganta no presenta síntomas.

Normalmente, los síntomas de gonorrea aparecen entre dos y diez días después de la infección, pero pueden tardar hasta tres semanas. Con todo, es probable que algunas personas no se den cuenta de que tienen esta infección, ya que esta no siempre presenta síntomas o estos pueden ser muy leves.

Si la gonorrea se deja sin tratar, puede desembocar en problemas de salud más graves, como infecciones pélvicas, en el caso de las mujeres, que pueden causar dolor, infertilidad y embarazos ectópicos, o problemas testiculares y estrechamiento de la uretra, en los hombres.

La gonorrea no tratada puede extenderse a la sangre, ocasionando la aparición de fiebre y puede afectar también a las articulaciones, generando artritis e inflamación. También puede causar problemas en la piel y una forma de meningitis.

Diagnóstico

Existen varios modos de diagnosticar la gonorrea. Si presentas síntomas, se puede tomar una muestra de frotis procedente de la punta del pene, el ano, la uretra, la garganta o el cuello uterino. Estos frotis pueden resultar algo incómodos. En caso de que no tengas síntomas, se puede tomar una muestra de orina para su análisis. Por lo general, si una persona tiene síntomas, a partir del examen de los frotis es posible determinar de inmediato si la gonorrea está presente en la zona genital. Sin embargo, la infección en la garganta tarda más en diagnosticarse.

No obstante, con independencia de la zona infectada, obtener un resultado concluyente en las pruebas puede demorarse hasta tres días. Por tanto, es fundamental contactar con tu clínica para saber el resultado de tus análisis.

Tratamiento

La gonorrea se trata con antibióticos. Como esta infección puede ser resistente a algunos de ellos, el laboratorio utilizará las muestras de frotis para determinar la sensibilidad a los antibióticos que te administren.

Es muy importante no practicar sexo anal, oral o vaginal durante siete días después del tratamiento, ya que puedes volver a infectarte por gonorrea, o transmitir la infección a tu pareja. Sería aconsejable que tus parejas sexuales fueran a una clínica de salud sexual para someterse a pruebas y recibir tratamiento, en caso necesario.

Hepatitis A

La hepatitis A está provocada por un virus (el VHA) que afecta al hígado.

Transmisión y cómo evitar la infección

La hepatitis A se transmite por contacto con heces (excrementos) infectadas, normalmente por estar presente en alimentos contaminados, como por ejemplo, los mariscos.

Puede transmitirse durante las relaciones sexuales, sobre todo a través del contacto oral-anal (rimming o ‘beso negro’). En los últimos años, se han registrado brotes de hepatitis A entre los hombres gays de distintas ciudades. Una vez hayas tenido la hepatitis A, no puedes volver a padecerla, aunque algunas personas sufren recaídas.

Mantener una buena higiene personal puede prevenir la transmisión del VHA. Deberías lavarte las manos después de ir al baño y antes de preparar o comer algún alimento.

Vacunación

A diferencia de la mayoría de las infecciones mencionadas en esta sección, existe una vacuna contra el VHA y se recomienda que todas las personas que viven con VIH se vacunen en caso de que no tengan inmunidad natural a la infección. La vacunación consiste en dos inyecciones, administradas con seis meses de diferencia, que proporcionan inmunidad durante unos diez años.

Síntomas

La hepatitis A puede causar una enfermedad leve a corto plazo, cuyos síntomas pueden incluir la aparición de una coloración amarillenta de la piel y los ojos (ictericia), cansancio extremo, pérdida de peso, vómitos, diarrea, orina de color oscuro y heces pálidas. Los síntomas pueden empeorar con la ingestión de alcohol, té o café, o por comer alimentos grasos. De manera habitual, las personas afectadas mejoran en un par de semanas.

Diagnóstico

Un análisis de sangre puede evidenciar la presencia (actual o pasada) de la infección por VHA. Las clínicas de salud sexual no realizan la prueba de la hepatitis A de forma rutinaria, pero es posible que te hayan examinado en tu clínica del VIH.

Tratamiento

El tratamiento de la hepatitis A consiste en guardar reposo, beber líquidos y evitar el consumo de alcohol y drogas recreativas. También es importante no tomar paracetamol durante la recuperación de esta infección. La hepatitis A puede durar más y ser más grave en personas que viven con VIH o con sistemas inmunitarios debilitados. Si adquieres el VHA, podría ser necesario que dejes de tomar los fármacos anti-VIH por un tiempo, puesto que el hígado efectúa la mayor parte del trabajo de degradación de los medicamentos en el cuerpo, y cuando se inflama, no funciona tan bien, lo que puede empeorar cualquier efecto secundario que pueda causar tu tratamiento.

Hepatitis B

La hepatitis B es un tipo de hepatitis viral causada por el VHB, que provoca la inflamación del hígado.

Transmisión

La hepatitis B se transmite por el contacto con sangre, semen, saliva o fluidos vaginales de una persona infectada. Se puede transmitir con facilidad durante las relaciones sexuales sin protección y también de una madre a su bebé durante el parto. El VHB tiene una capacidad de infección varias veces superior a la del VIH.

Puede prevenirse la hepatitis B mediante el uso de un preservativo durante las relaciones sexuales vaginales o anales, el empleo de un condón o barrera dental durante el sexo oral y no compartiendo los juguetes sexuales.

Vacunación

Se recomienda que las personas con VIH se vacunen contra el VHB, a menos que ya presenten una inmunidad natural frente al virus. La vacunación consiste en una tanda de tres inyecciones administradas a lo largo de varios meses. Las personas con VIH pueden perder la protección frente a la hepatitis B si su sistema inmunitario se debilita, por lo que deben comprobar de forma periódica su nivel de inmunidad.

Síntomas

Cuando una persona se infecta por VHB, puede desarrollar ictericia (color amarillento de los ojos y la piel), perder el apetito, sufrir dolor en el abdomen, malestar general, náuseas, vómitos, dolores musculares y articulares o fiebre. Estos síntomas pueden ser muy graves o, en casos muy excepcionales, incluso resultar mortales. Sin embargo, la mayoría de las personas no notan ningún síntoma.

En las primeras etapas de la infección, la mayor parte de las personas desarrollan una inmunidad protectora. No obstante, en aproximadamente el 10% de los adultos, el VHB continúa replicándose en el cuerpo mucho tiempo después de producirse la infección. Estas personas entran en fase de infección crónica por hepatitis B, lo que significa que su capacidad de infección se mantendrá el resto de sus vidas, aunque es posible que ellas mismas no experimenten ningún síntoma. Con el tiempo, algunos portadores crónicos del VHB desarrollan una inflamación hepática crónica y, por tanto, corren un mayor riesgo de desarrollar enfermedad hepática (cirrosis) o cáncer de hígado.

Las personas con VIH que adquieren el VHB tienen más probabilidades de que la hepatitis B se convierta en una infección crónica que las personas sin VIH.

Los niveles de VHB en los fluidos corporales de las personas con VIH pueden ser superiores a los observados en las personas seronegativas, ya que sus sistemas inmunitarios no resultan tan eficaces a la hora de aclarar el VHB del organismo. Por este motivo, las personas con VIH portadoras del virus de la hepatitis B pueden tener una mayor capacidad de infección que sus iguales seronegativas.

Diagnóstico

Hay análisis de sangre que permiten detectar la presencia de anticuerpos contra el VHB, y muestran si la persona ha estado expuesta (y si ha aclarado) el virus. En el caso de que hayas estado expuesto al VHB y no hayas desarrollado ningún anticuerpo protector, en tu sangre persistirán fragmentos del propio virus, denominados antígenos de superficie del VHB (HBsAg). Esto significa que eres un portador crónico y tienes capacidad para transmitir la infección a otras personas. Un subgrupo de portadores también puede dar positivo en la prueba del antígeno e, lo que quiere decir que tienen una elevada capacidad de transmitir la infección a terceros.

Tratamiento

Durante el período inicial de la infección por VHB, es importante mantener mucho reposo, beber muchos líquidos y evitar el consumo de alcohol y drogas recreativas.

Si tienes VIH y padeces una infección crónica por hepatitis B, debes recibir atención por parte de un médico experto en el tratamiento tanto del VIH como de la hepatitis.

Actualmente, hay varios medicamentos disponibles para el tratamiento de la hepatitis B.

Algunos fármacos anti-VIH también son activos contra el VHB.

Si estás coinfectado por VIH y VHB, tendrías que hablar con tu médico sobre el modo en que esto podría afectar a tus opciones de tratamiento contra el virus de la inmunodeficiencia humana.

Hepatitis C

La hepatitis C es un tipo de hepatitis viral provocada por el VHC, que causa la inflamación del hígado.

Transmisión y cómo evitar la infección

Por lo general, el VHC se transmite por contacto de sangre con sangre. Sin embargo, recientemente se ha registrado un aumento en el número de hombres gays con VIH que han dado positivo en la prueba del VHC y cuyo único factor de riesgo era que practicaban sexo sin protección.

Otros factores que parecen estar ligados con la transmisión sexual de la hepatitis C son la práctica de sexo en grupo, la inyección o esnifado de drogas, la administración anal de drogas y la presencia en cualquiera de los dos miembros de la pareja de otras infecciones de transmisión sexual, especialmente la sífilis o el linfogranuloma venéreo (LGV).

Cuando se usan de manera correcta, los preservativos pueden reducir el riesgo de transmisión sexual del VHC. Si practicas fisting (introducción del puño en la vagina o el ano), deberías utilizar guantes de látex y no compartir los botes de lubricantes. Tampoco se tendrían que compartir los juguetes sexuales. Esto debería disminuir el riesgo de transmisión de la hepatitis C.

No existe ninguna vacuna contra el VHC. A diferencia de la hepatitis A y B, el haber tenido una vez la hepatitis C, no significa que seas inmune frente a ella. Es posible reinfectarse por el virus de la hepatitis C.

Síntomas

Los efectos de la infección por el VHC son variados. Menos del 5% de las personas que adquieren el virus desarrollan síntomas de hepatitis aguda (como ictericia y náuseas) en el momento de la infección. Por su parte, una minoría significativa puede no experimentar síntomas en ninguna fase de la infección. En el caso de las personas que sí los padecen, los más comunes son la sensación de cansancio extremo y de depresión.

Diagnóstico

La realización de un análisis de sangre para detectar los anticuerpos del VHC puede indicar si has estado expuesto al virus. No obstante, estas pruebas pueden dar falsos resultados negativos (sobre todo en las primeras etapas de la infección), por lo que tal vez se lleve a cabo una prueba PCR (de carga viral) para confirmar la infección.

Las pruebas de la función hepática pueden ofrecer una indicación de si la hepatitis C ha dañado el hígado, pero para asegurarse, usualmente también se efectúa una de otras dos pruebas. La primera de ellas es una biopsia de hígado, en la que se extrae una pequeña muestra del tejido hepático para su examen. La segunda (ya disponible en muchos centros médicos) consiste en un simple análisis de sangre o la realización de un tipo de escáner (FibroScan).

En el caso de los pacientes con VIH, el diagnóstico de la hepatitis C puede resultar más complicado, ya que es probable que las pruebas de anticuerpos no señalen la presencia de la infección.

Tratamiento

Al igual que en el caso de la hepatitis B, el tratamiento debería administrarse siempre en una clínica con experiencia en el manejo de la coinfección por VIH y VHC.

Los objetivos del tratamiento son “curar” la hepatitis (erradicar el VHC del organismo), normalizar los niveles de enzimas hepáticas (un marcador de la función hepática), mejorar el grado de inflamación del hígado, prevenir la progresión a cirrosis o cáncer hepático y reducir la transmisión del virus.

El tratamiento contra la hepatitis C no es de por vida y, por lo general, dura 24 o 48 semanas. Existen fármacos antivirales aprobados contra el VHC. Los tratamientos actuales para la hepatitis C son: interferón pegilado y ribavirina.

Los efectos secundarios pueden ser muy graves (aunque tienden a reducirse a medida que se prolonga el tratamiento) e incluyen fiebre elevada, dolor articular, pérdida del cabello, depresión y recuento bajo de glóbulos blancos.

Es importante evitar que el esperma de un hombre que recibe tratamiento con ribavirina de lugar a un embarazo. También hay que prevenir que el feto se vea expuesto a dicho fármaco. Las parejas que han sido tratadas con ribavirina deberían evitar el quedarse embarazas (así como las relaciones sexuales sin protección) durante al menos seis meses tras la finalización del tratamiento.

La terapia contra el VHC no siempre funciona. Sin embargo, los mejores resultados se aprecian en aquellas personas que son tratadas poco después de infectarse por el virus.

Si estás coinfectado por VIH y VHC, resulta especialmente aconsejable que inicies el tratamiento anti-VIH cuando tu recuento de CD4 esté en torno a las 350 células/mm3.

Herpes

El herpes está provocado por un virus común denominado virus del herpes simple (VHS).

Un episodio de herpes supone la aparición de llagas o úlceras dolorosas en la boca, los genitales o el ano.

Una vez te has infectado, el virus permanece en las células nerviosas de por vida. Es posible que no sepas si estás infectado por el VHS. La mayor parte del tiempo está latente y no causa ningún síntoma, pero pueden producirse brotes de vez en cuando, especialmente si tu sistema inmunitario está debilitado. Incluso en el caso de las personas que no tienen VIH, el estrés, un resfriado común o la exposición a una luz ultravioleta intensa (por ejemplo, durante un día de playa) pueden desencadenar un episodio de herpes activo.

Existen dos tipos principales de VHS y ambos pueden causar una infección tanto oral como genital. Por lo general, el VHS-1 es el responsable del herpes oral o herpes labial (lo que se conoce como ‘calenturas’, que produce la aparición de un hormigueo o puntos dolorosos en el borde del labio donde se une a la piel de la cara). A veces, puede manifestarse en las fosas nasales, las encías o el paladar de la boca. También puede ocasionar una infección genital.

Tanto el VHS-1 como el VHS-2 pueden producir unas dolorosas úlceras genitales o anales, que ocasionalmente se acompañan de fiebre, dolor de cabeza, dolor muscular y malestar general. A menudo, las lesiones por herpes comienzan como un entumecimiento, hormigueo o picazón. Esta sensación indica que el virus está viajando por un nervio hacia la piel. Ahí provoca la aparición de pequeños bultos que se transforman con rapidez en unas pequeñas ampollas inflamadas y llenas de líquido, que más adelante revientan y forman costras. Por lo general, las personas sanas cuyos sistemas inmunitarios funcionan con normalidad tardan una o dos semanas en sanar.

Transmisión y cómo evitar la infección

El virus puede transmitirse de una persona a otra por contacto entre las úlceras y las membranas mucosas, por ejemplo, al besarse o al practicar sexo anal, vaginal u oral.

Durante un episodio activo de herpes, deberías evitar el contacto sexual.

El herpes también puede transmitirse aunque no hayan surgido llagas. El virus todavía puede estar presente y ser secretado a través de la piel o, más probablemente, de las membranas mucosas. Dicha secreción puede darse con más frecuencia en las personas con VIH. Los preservativos no protegen todo el tiempo contra el VHS, ya que no siempre cubren todas las zonas afectadas.

Tener herpes genital aumenta el riesgo de transmisión del VIH (y en el caso de una persona que no tiene VIH, el herpes genital aumenta el riesgo de infectarse por dicho virus).

En las personas con VIH, los episodios de herpes pueden ser frecuentes, graves y de larga duración. A veces, las lesiones pueden infectarse por otras bacterias u hongos. Además de causar grandes lesiones orales y genitales, en ocasiones, el herpes puede afectar a la garganta y los ojos.

Diagnóstico

El VHS se diagnostica a través de la detección del virus a partir de un frotis realizado en una lesión, o mediante una prueba de detección con técnicas fluorescentes. Existe una prueba que detecta de forma directa el material genético del virus, pero se utiliza para fines de investigación y, normalmente, no está disponible fuera de ese ámbito. Para comprobar la presencia de herpes en el esófago (garganta) o en el colon se utilizan instrumentos de fibra óptica.

Tratamiento y prevención de la recurrencia de los episodios

Las infecciones por herpes se tratan con aciclovir (Zovirax). También existen otros tratamientos como valaciclovir (conocido con el nombre comercial Valtrex) o famciclovir (Famvir).

La toma de comprimidos de aciclovir (de 200 a 800mg cinco veces diarias durante un período de cinco a diez días) puede reducir la gravedad de los episodios de herpes oral y de las lesiones genitales o anales. En los casos muy graves, se puede administrar como una infusión intravenosa. Aciclovir presenta muy pocos efectos secundarios.

Asimismo, se puede tomar aciclovir a diario para disminuir la frecuencia y gravedad de los posibles futuros episodios de herpes (400mg dos veces al día).

Aciclovir no es capaz de eliminar el VHS del organismo, por lo que los episodios de herpes pueden repetirse. En las farmacias, se puede conseguir una crema de aciclovir para tratar el herpes labial. No obstante, muchos médicos cuestionan su eficacia real. Para algunas personas, los baños de sal, la aplicación de bolsas de hielo (envuelto en una toalla), el uso de gel de lidocaína, los analgésicos y el reposo les ayuda a aliviar los síntomas.

LGV

El linfogranuloma venéreo (LGV) es una forma de clamidia.

El LGV se registra principalmente en África, Asia, América del Sur y partes de la zona del Caribe. Con la introducción de los antibióticos en la década de 1940, los casos de linfogranuloma se volvieron muy excepcionales en Europa.

Sin embargo, se han registrado brotes de LGV entre hombres gays en Holanda, Francia, Alemania, Suecia, el Reino Unido y EE UU.

Transmisión y cómo evitar la infección

El brote de LGV en Europa ha afectado sobre todo a hombres gays, la mayor parte de los cuales tenían además VIH, y también otra infección de transmisión sexual, como la gonorrea, la sífilis, el herpes o la hepatitis B o la C. Se cree que está ligado a determinados comportamientos sexuales (los que más posibilidades tienen de causar daños en los tejidos, como el fisting).

Con todo, el linfogranuloma venéreo puede afectar tanto a hombres como a mujeres, con independencia de su estado serológico al VIH. Es capaz de afectar al pene, la vagina o el ano, y puede transmitirse durante el sexo anal, oral y vaginal.

Los preservativos resultan muy eficaces en la prevención de la transmisión de ITS, incluyendo la clamidia (de la cual el LGV es una forma).

Si practicas fisting, deberías utilizar guantes de látex y no compartir los botes de lubricante con otras personas. Esto debería reducir el riesgo de transmisión del LGV y de otras infecciones de transmisión sexual.

Síntomas

El linfogranuloma venéreo puede provocar síntomas muy desagradables. En los recientes brotes detectados en Europa, el más habitual fue la aparición de dolor e inflamación en el ano y el recto (proctitis). En algunos casos, estuvo acompañado de inflamación de los ganglios de las ingles y, con frecuencia, por una secreción de moco o sangre a través del recto, así como por un cambio en los hábitos intestinales.

Si no se trata, el LGV puede causar hinchazón general de los ganglios linfáticos y los genitales, así como la aparición de úlceras. Asimismo, puede afectar al intestino.

Diagnóstico

Si acudes a someterte a un examen general de salud sexual, se comprobará la presencia de una serie de infecciones de transmisión sexual. Si se descubre que tienes clamidia en el ano, la clínica debería enviar una muestra para someterla a pruebas especiales que permitan comprobar si se trata de LGV.

Si te preocupa que puedas tener LGV, asegúrate de decírselo al personal médico o de enfermería de la clínica a la que acudes.

Tratamiento

El linfogranuloma venéreo puede curarse con un ciclo de tratamiento de 21 días con el antibiótico oral doxiciclina. Este antibiótico igualmente se utiliza contra otras ITS (además de algunas otras infecciones), aunque en tandas de tratamiento más cortas.

Mientras dure el tratamiento, deberías evitar la actividad sexual y cualquier pareja sexual reciente también tendría que recibir terapia.

Uretritis no específica

Transmisión

La uretritis no específica (UNE) es una inflamación de la uretra, el conducto a través del cual pasa la orina (y en los hombres, el semen). Esta inflamación puede deberse a una infección de transmisión sexual, como la clamidia. Sin embargo, en muy raras ocasiones puede tener una causa distinta, como la fricción durante las relaciones sexuales o una irritación debida al jabón.

Síntomas

De manera habitual, los síntomas de la UNE se desarrollan más o menos en la primera semana de la infección. Cuando esta inflamación se debe a sustancias irritantes, como el jabón, los síntomas pueden surgir de forma casi inmediata. No obstante, muchas personas con UNE no presentan ningún síntoma en absoluto.

Cuando aparecen, en general consisten en dolor o una sensación de ardor al orinar, un deseo de orinar más frecuente y una secreción blanca o turbia que puede ser especialmente notable al levantarse por la mañana.

Diagnóstico

En el caso de los hombres, la UNE se diagnostica a partir de un frotis del pene. Esto puede resultar incómodo, pero dura poco. En muchos casos, será posible conocer al instante si existe una uretritis no específica, pero los resultados para determinar si está presente la clamidia pueden demorarse hasta una semana.

La UNE es más difícil de diagnosticar en las mujeres. Por lo común, se realizarán frotis de los genitales (por ejemplo de la vulva, la vagina o el cuello de útero) para comprobar si padeces alguna ITS.

Tratamiento

La uretritis no específica se trata con antibióticos, en general, con un ciclo de siete días con doxiciclina o una dosis única de azitromicina. Es importante tomar todas las píldoras para asegurarse de que se ha erradicado la infección de tu organismo. Los síntomas pueden persistir durante algunos días después de tomar azitromicina, puesto que el antibiótico tarda un tiempo en actuar.

Es aconsejable que no mantengas relaciones sexuales (ni siquiera con preservativo) hasta que haya finalizado el período de tratamiento. Siempre que sea posible, las parejas también deberían recibir la terapia, incluso aunque no presenten síntomas.

Piojos púbicos

Los piojos púbicos (también conocidos como ladillas) son unos pequeños insectos que se asemejan a un cangrejo debido a sus pinzas, que les permiten sujetarse al pelo. Pese a que las ladillas prefieren vivir en el vello púbico (el pelo corporal cerca de la zona genital y anal), pueden estar presentes en otras partes del cuerpo, principalmente en las axilas, e incluso en las cejas y las pestañas, aunque esto es poco habitual.

Transmisión

Normalmente, las ladillas se transmiten durante las relaciones sexuales, si bien cualquier forma de contacto corporal íntimo puede bastar para ello. Asimismo, pueden contraerse por compartir toallas, sábanas o ropa de cama o prendas de vestir, pero es menos común.

Síntomas y diagnóstico

Algunas personas notan la presencia de las ladillas en cuestión de horas, mientras que otras no llegan a enterarse de que las tienen hasta transcurridas varias semanas. Los piojos púbicos son muy pequeños y pueden resultar muy difíciles de ver, pero los síntomas que los acompañan suelen incluir un picor intenso en las ingles, y algunas personas descubren los huevos de los piojos fijados con firmeza en su vello púbico. Es posible que aparezcan pequeñas manchas de sangre en la ropa interior o las sábanas.

Tratamiento

En las farmacias pueden encontrarse lociones para erradicar las ladillas (como por ejemplo malatión [Derbac-M]), sin necesidad de receta médica, o incluso de forma gratuita en clínicas de salud sexual y de medicina genitourinaria. Es importante seguir las instrucciones correctamente, dado que su uso inadecuado podría significar que no consigas acabar con la infestación y su empleo durante demasiado tiempo puede provocar una reacción alérgica. No es aconsejable utilizar Derbac-M o lociones similares después de haberse dado un baño caliente.

Una vez comenzado el tratamiento, es básico lavar en un ciclo de agua caliente todas las prendas de vestir, las toallas y la ropa de cama que hayas usado desde que te infectaste. También deberías asegurarte de que tu pareja habitual (o cualquier otra con quien hayas tenido contacto íntimo o hayas compartido cama, así como alguna otra persona que viva en tu mismo hogar) utiliza el tratamiento al mismo tiempo que tú, para evitar la reinfección.

Sarna

La sarna es una infección cutánea provocada por un ácaro (el ‘arador de la sarna’) que excava bajo la piel y produce un picor intenso, que, por lo general, se nota más durante la noche.

Transmisión

Es fácil infectarse por este parásito a través del contacto prolongado con la piel de una persona que ya lo tenga o por compartir toallas o ropa de cama.

Síntomas

Los ácaros son invisibles a simple vista, pero los túneles que excavan bajo la piel dejan unas ‘marcas rojas’, que se observan con más frecuencia en la piel entre los dedos de las manos, en el dorso de estas, en el abdomen, en las muñecas, los codos, las axilas, los genitales, los pechos, las nalgas y los pies.

Las personas cuyo sistema inmunitario no funciona perfectamente (debido al VIH o a otras causas) pueden desarrollar una erupción cutánea generalizada con la aparición de escamas gruesas y una picazón intensa. Esto se conoce como sarna costrosa (o sarna noruega).

Tratamiento

Las mismas lociones empleadas para tratar las ladillas resultan eficaces también contra los ácaros de la sarna, aunque quizá sea necesario dejarlas actuar durante más tiempo (normalmente, 24 horas). Se tendrían que aplicar por todo el cuerpo, excepto la cara y el cuero cabelludo. En el caso de las manos, es preciso volver a echar la loción después de lavarlas.

Una vez iniciado el tratamiento, el picor puede empeorar de forma temporal, en cuyo caso puede usarse una crema de hidrocortisona y no se debería rascar la piel aunque pique.

No se tendría que aplicar el tratamiento contra la sarna tras un baño caliente.

La prendas de vestir, las toallas y la ropa de cama deberían lavarse con agua caliente para evitar transmitir el ácaro a otras personas o que te reinfectes. Al igual en el caso de los piojos del pubis, es importante que cualquier persona que haya estado en contacto íntimo contigo se trate al mismo tiempo que tú, para evitar la reinfección.

Ni los ácaros de la sarna ni los piojos púbicos pueden transmitir el VIH. Las personas que hayan tenido piojos púbicos o sarna durante mucho tiempo pueden sentir un malestar general y, si no se trata, la sarna puede provocar una grave irritación de la piel.

Sífilis

La sífilis es una infección bacteriana. Aunque el número de casos en el Reino Unido y muchos otros países ha aumentado de forma drástica en los últimos años, sigue siendo una infección relativamente rara. La enfermedad presenta dos grandes etapas: la fase temprana y la tardía. En la primera, la infección resulta altamente contagiosa.

Transmisión y cómo evitar la infección

La sífilis se puede adquirir con facilidad durante las relaciones sexuales anales, orales o vaginales sin protección. También se puede transmitir por contacto físico íntimo. Asimismo, es posible que la infección pase de madre a hijo.

El riesgo de contraer la sífilis se puede reducir utilizando un preservativo durante el sexo vaginal o anal, empleando un condón o barrera dental durante el sexo oral y no compartiendo los juguetes sexuales.

Si no se trata, la sífilis temprana puede hacer que aumente la capacidad de infección de una persona con VIH. Por su parte, las personas seronegativas con sífilis tienen muchas más probabilidades de infectarse por VIH en caso de exposición al virus.

Síntomas

La sífilis puede provocar la aparición de diversos síntomas, aunque también es posible que no ocasione ninguno. Durante la fase temprana de la enfermedad, probablemente los síntomas pasen desapercibidos. La sífilis puede progresar con más rapidez y gravedad en las personas con VIH y cabe la posibilidad de que presenten unos síntomas ligeramente diferentes.

Poco después de haber adquirido la sífilis (sífilis primaria), puede aparecer una pequeña llaga o úlcera (denominada chancro) en el lugar de la infección (de manera habitual en el pene, o alrededor del ano, la vagina o la boca). El chancro no duele, por lo general se cura con bastante rapidez y puede venir acompañado de una inflamación de los ganglios.

La sífilis secundaria puede provocar la aparición de exantema (rash) en la piel del cuerpo, las palmas de las manos y las plantas de los pies, inflamación de los ganglios, fiebre, dolor muscular, dolor de cabeza, zumbido en los oídos y, en casos excepcionales, meningitis. El exantema y las llagas resultan altamente infecciosos. La sífilis secundaria se desarrolla de forma usual a lo largo de los seis meses siguientes a la exposición.

Cuando estos síntomas desaparecen, la sífilis pasa a un estado latente. No obstante, durante el primer año en esta etapa sigue siendo posible que se transmita a otras personas, generalmente a través de un contacto físico sexual o estrecho. Sin embargo, tras un par de años, ya no puede transmitirse a otros, aunque la persona sigue estando infectada.

Si no se trata, se puede desarrollar la denominada sífilis terciaria, en ocasiones, años más tarde. En esta etapa, la infección puede causar daños en el corazón, el cerebro, los huesos y la piel. Sin tratamiento, la sífilis puede llegar a ser mortal.

Diagnóstico

La realización de un examen completo de salud sexual incluirá un análisis de sangre para detectar si existe sífilis y la toma de muestras de frotis de cualquier llaga presente. Muchas clínicas del VIH ya efectúan la prueba de la sífilis como parte rutinaria de su atención. Pueden transcurrir hasta tres meses antes de que en el organismo aparezcan pruebas de la infección por sífilis, por lo que es posible que una prueba hecha poco después de la exposición no detecte la enfermedad.

Existen indicios que sugieren que las pruebas para la sífilis no resultan tan fiables en personas con VIH.

Si se sospecha que existe infección en el cerebro, puede realizarse una punción lumbar (a veces llamada ‘punción raquídea’) para evaluar la extensión de la enfermedad.

Tratamiento

Por lo general, los casos de sífilis se tratan con inyecciones de penicilina. A las personas alérgicas a este fármaco se les administra un ciclo de tratamiento con píldoras de doxiciclina. Para asegurarse de que la sífilis está curada por completo, es vital recibir todas las inyecciones prescritas o tomar todas las pastillas y someterse a los análisis sanguíneos de seguimiento. Para evitar transmitir la bacteria a otras personas (o reinfectarse por ella), es fundamental evitar completamente las relaciones sexuales hasta haber finalizado el tratamiento y que te hayan confirmado que todo está bien.

También se deberían someter a examen tus parejas sexuales recientes, y ser tratadas en caso necesario.

Para asegurarse de que la infección se ha eliminado, se tendrán que efectuar análisis de sangre de forma periódica. Esto resulta especialmente importante en el caso de personas con VIH, ya que tienen más probabilidades de que la sífilis vuelva a presentarse.

Trichomoniasis

Se trata de una infección de transmisión sexual común ocasionada por un diminuto parásito llamado Trichomonas vaginalis.

Transmisión y cómo evitar la infección

La infección por trichomonas se transmite a través de las relaciones sexuales sin protección. Se puede prevenir utilizando un preservativo durante las relaciones vaginales o anales, usando un condón o barrera dental durante el sexo oral y no compartiendo juguetes sexuales. Las mujeres también deberían emplear una barrera dental cuando frotan su área genital (vulva) contra la de su pareja femenina.

Síntomas

En el caso de las mujeres, los síntomas pueden incluir una secreción vaginal abundante, picor en la vagina, dolor en la zona baja de la espalda, dolor durante las relaciones sexuales y la necesidad de orinar con frecuencia. A menudo, los hombres no muestran ningún síntoma, pero cuando lo hacen suelen consistir en una secreción procedente del pene, una mayor necesidad de orinar, y ardor al hacerlo.

Diagnóstico

Los frotis procedentes de la vagina o el pene se examinan al microscopio para detectar la presencia de trichomonas y es habitual poder determinar de forma inmediata si está presente la infección. Asimismo, pueden hacerse cultivos a partir de los frotis, pero los resultados tardarán una semana.

Tratamiento

La trichomoniasis se trata con antibióticos. Es básico tomar todas las píldoras prescritas para asegurarse de que la infección ha sido erradicada del organismo. Además, se te pedirá que vuelvas a la clínica una semana más tarde para someterte a una prueba y comprobar si te has curado. Es aconsejable no mantener relaciones sexuales (ni siquiera con preservativo) hasta haber finalizado el período de tratamiento y todas tus parejas recientes hayan recibido terapia, para evitar la reinfección.

Otras infecciones

Existen otras infecciones que también pueden transmitirse durante el sexo. Cualquier relación sexual que implique el contacto con heces, incluso en cantidades microscópicas (como el ‘beso negro’, el sexo anal o el fisting), puede acarrear la transmisión de infecciones intestinales tales como la giardiasis o la criptosporidiosis. Estas enfermedades pueden causar diarrea y vómitos y deben tratarse con antibióticos.

Por su parte, otras infecciones como la malaria también pueden transmitirse por vía sexual.