El tratamiento con testosterona presenta beneficios y tiene pocos riesgos para las mujeres con VIH

Michael Carter
Published: 09 June 2009

La terapia prolongada con testosterona en mujeres con VIH resulta segura y tiene unos importantes beneficios, según informa un equipo de investigadores de EE UU en la edición de 15 de mayo de la revista AIDS. Los autores descubrieron que un tratamiento con testosterona durante 18 meses mejoró el peso corporal magro, la densidad ósea y el estado de ánimo de las mujeres, sin provocar efectos secundarios.

Investigaciones anteriores habían evidenciado que las mujeres con VIH a menudo padecen déficit de hormonas, incluyendo la testosterona. Esto se ha relacionado con una masa corporal magra y densidad ósea más bajas, así como con una peor calidad de vida. Los estudios a corto plazo han demostrado que estos problemas pueden mejorar con un tratamiento de testosterona, y que esta terapia no implica un riesgo significativo de efectos secundarios.

Un equipo de investigadores del Hospital General de Massachusetts y la Facultad de Medicina de Harvard (EE UU) decidió comprobar la seguridad y eficacia a largo plazo de una terapia con testosterona en mujeres con VIH.

En consecuencia, se diseñó un ensayo controlado con placebo que contó con 25 mujeres de entre 18 y 55 años. En el momento de la inscripción en el estudio, todas ellas tenían un nivel de testosterona libre inferior a 3,0 pg/mL, el valor mediano normal para las mujeres. Además, todas presentaban una baja densidad mineral ósea y un peso corporal reducido (media del índice de masa corporal [IMC]: 22,8 kg/m2). Las mujeres fueron examinadas de forma periódica a lo largo de los 18 meses del estudio y los resultados medidos fueron los cambios en los niveles de testosterona, la masa corporal magra, la densidad mineral ósea, el estado de ánimo y la función sexual. La seguridad del tratamiento con testosterona se determinó a través del seguimiento de los lípidos en sangre y la función hepática, el patrón capilar, el acné y el ciclo menstrual.

Un total de trece mujeres fueron elegidas de forma aleatoria para recibir terapia con testosterona (en un régimen de 300mg dos veces a la semana), mientras que las doce restantes tomaron un placebo.

Los niveles de testosterona aumentaron de forma significativa en las mujeres que recibieron el tratamiento, pero permanecieron casi sin cambios en las que recibieron placebo (p= 0,001).

El índice de masa corporal (p= 0,03), el peso (p= 0,03) y la masa corporal magra (p= 0,04) mejoraron de forma significativa en las mujeres que tomaron testosterona, mientras que permanecieron sin cambios en el grupo de placebo.

Además, la terapia con testosterona estuvo relacionada con mejoras en la densidad mineral ósea en la cadera (p= 0,02) y los muslos (p= 0,01). Por el contrario, se observaron pequeñas pérdidas óseas en las mujeres que recibieron placebo.

El tratamiento con testosterona también produjo mejoras en la calidad de vida, ya que las mujeres que tomaron la hormona presentaron unos menores niveles de depresión tras 18 meses que las del grupo de placebo (p= 0,02). Además, la terapia con testosterona estuvo relacionada con menos problemas de la función sexual (p= 0,01).

No se encontraron pruebas de que el tratamiento con testosterona provocara efectos secundarios. Los niveles de lípidos y la función hepática fueron similares en los dos grupos de mujeres. Asimismo, esta terapia tampoco provocó cambios en sus patrones capilares o el ciclo menstrual. Además, el equipo de investigadores descubrió que la testosterona no estuvo vinculada con la aparición de acné.

“Este es el primer estudio que investiga los efectos del uso de testosterona a lo largo de dieciocho meses en mujeres infectadas por VIH”, escriben los autores. Y añaden: “Hemos demostrado que la testosterona se tolera bien a lo largo de un período de tratamiento prolongado (...), que el uso de testosterona en mujeres infectadas por VIH con niveles relativamente bajos de andrógenos, peso y densidad mineral ósea resultó en un aumento significativo de la masa magra, el peso, la densidad mineral ósea (...), así como en mejoras de su calidad de vida”.

Hay estudios previos que han sugerido que muchas mujeres con VIH presentan unos niveles de testosterona bajos, por lo que el equipo de investigadores cree que existe “una población considerable (...) que podría beneficiarse de la administración de testosterona”.

Respecto a la seguridad de la hormona, los autores afirman: “Los acontecimientos adversos relacionados con el estudio fueron similares entre ambos grupos”. Sin embargo, ante el reducido tamaño de la población, concluyen: “Es necesario realizar más estudios sobre el empleo de testosterona a largo plazo en mujeres con VIH, puesto que esta estrategia de tratamiento puede resultar útil para el gran número de mujeres que tienen unos niveles de andrógenos reducidos, pérdida de densidad mineral ósea y menor calidad de vida”.

Referencia

Dolan Looby SE et al. Effects of long-term testosterone administration in HIV-infected women: a randomized, placebo-controlled trial. AIDS. 2009; 23: 951-959.

Traducción

Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt)