Un jurado de Texas concluye que la saliva de un hombre con VIH supone un “arma mortal” y ha sido sentenciado a 35 años de cárcel

Edwin J. Bernard
Published: 16 May 2008

En Texas (EE UU), un hombre de 42 años con VIH que escupió a un agente de policía en 2006 durante un arresto por embriaguez y escándalo ha sido sentenciado a 35 años de cárcel por un juzgado de Dallas y debe cumplir al menos la mitad de su sentencia antes de que pueda recibir la libertad condicional, ya que el jurado consideró que su saliva constituía un arma mortal.

El caso, que recibió cobertura por parte de más de 175 medios de comunicación, ha escandalizado a las organizaciones relacionadas con el VIH del Reino Unido, en especial debido a que sólo tres publicaciones (New York Times, USA Today y el Clarion-Ledger de Mississippi) realmente mencionaban que el virus de la inmunodeficiencia humana no puede transmitirse escupiendo.

“Es asombroso que, en el mismo país donde se han realizado algunas de las investigaciones más avanzadas en el campo del VIH y sus tratamientos, pueda existir tanta ignorancia en el sistema legal respecto a cómo se transmite el VIH”, afirmó Deborah Jack, directora ejecutiva de National AIDS Trust. “Esto no es justicia, sino una victoria del miedo, la mitificación y los prejuicios. Este veredicto (que todos los indicios científicos contradicen) debe considerarse una violación del derecho del señor Campbell a tener un juicio justo”, concluye.

Lisa Power, directora de políticas en Terrence Higgins Trust, añadió: “La saliva de una persona con VIH no es un arma mortal. Poner a alguien con VIH en una situación en la que no puede acceder a condones, el tratamiento es malo y donde podría tener pocas opciones sobre su actividad sexual es algo mucho más peligroso y los médicos estadounidenses tienen que dejar claro esto al sistema legal de Texas.”

Detalles del caso

Los detalles, recogidos en los artículos de The New York Times y The Dallas Morning News, indican que Willie Campbell es un hombre sin techo, de origen afroamericano, que contaba con un historial previo de detenciones, incluyendo dos delitos por escupir y por morder, que se produjeron durante los arrestos y en la cárcel.

En mayo de 2006, el señor Campbell se resistió a ser arrestado por estar ebrio en la vía pública y escupió a un policía, al tiempo que le decía que tenía el VIH. Aunque el señor Campbell negó que se hubiera resistido al arresto o que escupiera al agente, el jurado le encontró culpable de “acoso a un servidor público”.

El abogado del señor Campbell, Russell Henrichs, declaró a The New York Times que su cliente “había sido procesado aplicando una normativa sobre delincuentes habituales que aumentó la pena, en su caso, a un mínimo de 25 años de prisión, ya que había sido acusado de atacar a otros dos oficiales de un modo similar y de morder a dos presos, a lo que hay que sumar más de dos docenas de otros delitos”.

También afirmó que el señor Campbell ha rechazado su derecho a apelar la sentencia.

Parece que fue el jurado, y no el juez, quien decidió que la saliva del señor Campbell constituía un arma mortal. De cualquier modo, existen precedentes legales a este caso.

Escupir como ‘delito’ en EE UU

Según una decisión de 2007 tomada por la Sala Novena del Circuito de Apelaciones de EE UU, escupir intencionadamente a alguien constituye “un contacto agresivo que sobrepasa el nivel de una agresión” que puede ser penado con hasta seis meses de cárcel. Sin embargo, en este caso (en el que el acusado no tenía VIH) la sentencia fue de dos años de libertad provisional y 50 horas de servicio comunitario.

En cualquier caso, al menos nueve personas con VIH en EE UU han sido sentenciadas con anterioridad a periodos de encarcelamiento más prolongados por escupir. Un análisis de 2003 del Centro para la Investigación Interdisciplinaria sobre Sida de la Universidad de Yale “descubrió 24 casos de procesamientos por escupir (...) y de condenas por exposición al VIH en ocho casos, de las cuales dos fueron por intento de asesinato, dos por exposición criminal al VIH, una por agresión con un arma mortal, dos por agresión y una por lesiones producidas mediante residuos corporales. Las sentencias impuestas variaron de 90 días de cárcel a 25 años de prisión o cadena perpetua”.

Salivazo de persona con VIH: un “arma mortal”

En uno de los casos mencionados estaba implicado Jimmy Bird, un hombre con VIH que fue sentenciado a una pena de entre 3 y 15 años de cárcel por un tribunal de Ohio en 1998 por agresión con un “arma mortal”, al haber escupido supuestamente a un agente de policía durante un arresto por conducta escandalosa.

Bebe Anderson, directora del Proyecto del VIH de Lambda Legal (una organización con sede en Nueva York) declaró a aidsmap que, durante la apelación del señor Bird, “presentamos un expediente tipo amicus (“amigo del jurado”), en el que se explicaba a la Corte Suprema de Ohio que todos los datos médicos y científicos referentes al tema demostraban que el VIH no se transmite a través de la saliva. Argumentamos frente al tribunal que era imposible matar con la saliva del señor Bird y, por tanto, su sentencia por agresión criminal debería haberse revocado”.

“También explicamos que el uso del sistema de justicia penal para plantear cargos muy graves contra personas con VIH o sida cuando se comenten actos que no pueden poner en peligro a la sociedad menoscaba el efecto de unas políticas de salud pública para combatir la infección por VIH y sida que han demostrado su eficacia”, añadió.

“Estos enjuiciamientos penales generan confusión entre el público respecto a los modos en que el VIH puede transmitirse y alientan la discriminación y la violencia frente a las personas infectadas”, declaró Bebe Anderson, remarcando: “También menoscaban la credibilidad y eficacia del sistema de justicia penal como vehículo principal para promover el respeto hacia las leyes de la sociedad y para proteger al público de aquellos daños que son evitables.”

“Desgraciadamente -afirmó- nuestra argumentación no tuvo éxito.”

La sentencia más prolongada por escupir fue la que sufrió Curtis Weeks en 1989. Weeks fue condenado por intento de asesinato por escupir a un guardia de la prisión. Después de descubrir que Weeks tenía dos condenas anteriores por delitos graves, el jurado lo sentenció a cadena perpetua. Durante el juicio (también en Texas), la acusación presentó a cuatro testigos “expertos” que testificaron que el VIH podría transmitirse por los salivazos, mientras que la defensa sólo convocó a uno que declaró que no era posible.

En 1995, la Sala de Apelaciones de EE UU mantuvo el veredicto original y, en las conclusiones a su decisión, escribió que: “A pesar de que el abogado de Weeks se esforzó mucho por desacreditar a los expertos del estado, el jurado decidió creer en su testimonio. No estamos en posición de alterar sus conclusiones.”

Antes del caso del señor Campbell, el antecedente más reciente tuvo lugar en 2005, cuando Antoine Odom fue sentenciado a entre 15 y 45 años por “escupir y golpear a funcionarios de una prisión de Michigan”. Su apelación de 2007 en la Corte Suprema de Michigan fue denegada parcialmente porque la saliva del señor Odom contenía sangre, como resultado de un puñetazo que le propinó en la boca uno de los guardias de la prisión. “Tomamos nota judicial de que es un hecho sobradamente conocido que la sangre constituye un medio de propagación del VIH. En consecuencia, concluimos que la sangre infectada por este virus constituye una sustancia biológica nociva.” Esto suponía que los cargos de intento de asesinato eran legalmente válidos.

Escupir y transmisión del VIH

La Corte de Apelación citó el siguiente texto del sitio web de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE UU (CDC, en sus siglas en inglés): “La transmisión del VIH puede producirse cuando la sangre (...) de una persona infectada entra en el organismo de una persona no infectada.”

Lo que parece evidente para toda aquella persona familiarizada con la transmisión del VIH es que la interpretación que se hizo de la declaración de los CDC fue sacada de contexto.

Aunque los CDC no se refieren específicamente al hecho de escupir en su documento referente a la transmisión del VIH, un informe de 1997, aparecido en su boletín de noticias MMRW Weekly, examinó el riesgo de transmisión del VIH a través de la saliva.

“Se considera que la exposición a una saliva exenta de sangre constituye una causa rara de transmisión del VIH debido a, por lo menos, cinco razones:

**La saliva inhibe la capacidad de infección del VIH tipo 1 (VIH-1).

**En raras ocasiones, se puede aislar VIH en la saliva.

**Ninguno de los aproximadamente 500.000 casos de sida registrados por los CDC ha sido atribuido a la exposición a la saliva.

**Los niveles del virus son reducidos en la saliva de personas con VIH, incluso cuando existen enfermedades periodontales.

**La transmisión del VIH asociada con los besos no está documentada en estudios de contactos domésticos no sexuales de personas con el virus.

“Sin embargo -continúa el texto- se han registrado algunos casos raros de transmisión del VIH relacionados con mordiscos debido a exposición a saliva que contenía sangre con el virus.”

Si el virus de la inmunodeficiencia humana no puede transmitirse por escupir, entonces, ¿por qué se está enviando gente a prisión en EE UU por ello?

“Es una buena pregunta”, afirma Anderson, de Lambda Legal. “Desgraciadamente, el nivel de ignorancia e información errónea respecto a cómo se transmite el VIH sigue siendo muy alto. Las ideas equivocadas respecto a los modos en que el virus puede transmitirse a otra persona son perjudiciales para la sociedad en general, en parte debido a que acaban provocando miedos infundados. Estos conceptos erróneos son especialmente nocivos para las personas que viven con VIH, quienes siguen enfrentándose al estigma y la discriminación, a menudo basados en esos tipos de ideas falsas.”

Ignorancia del sistema de justicia penal a escala mundial

Aunque parece que EE UU es el único país que envía personas con VIH a prisión por escupir, la ignorancia policial y judicial sobre cómo se transmite el virus sigue siendo un problema mundial.

En enero de este año, un hombre de Brisbane (Australia) fue encarcelado durante 12 meses por morder a un policía, a pesar de que el mordisco no había desgarrado la piel. El juez le contó que la sentencia tenía un “auténtico carácter disuasorio”, para prevenir que otras personas escupieran o mordieran a la policía, ya que pensaba que “ahora existían enfermedades en la comunidad que se propagan así”.

Y el último mes, un refugiado de Zimbabue, que “se sospechaba” tenía el VIH, fue encarcelado durante dos meses en Northumbria (Reino Unido) por haber mordido, supuestamente, a un policía después de ser arrestado por conducir ebrio. Tras esa sentencia, el inspector jefe de la policía de Northumbria declaró al periódico The Sun: “Para una agresión de esta naturaleza, que ha sumido a dos agentes en la incertidumbre durante unos meses, la sentencia de custodia es completamente adecuada.”

En la librería online de NAM está disponible el libro Transmisión Delictiva del VIH [en inglés], orientado a la educación del sistema de justicia penal (y de aquellas personas que trabajan con él) respecto a los temas relacionados con la criminalización de la exposición o transmisión del VIH.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).