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Tratamiento para la hepatitis C

Existen tratamientos disponibles contra el VHC cuyo principal objetivo es curar la enfermedad. Los pacientes con VIH que reciben un diagnóstico reciente de hepatitis C deberían valorar los pros y contras del inicio de este tratamiento.

Antes de empezar la terapia, es importante comprobar, mediante una prueba, qué cepa, o genotipo, del VHC tienes, ya que el genotipo del virus permite predecir la respuesta al tratamiento.

Hay al menos seis genotipos distintos del VHC.

El genotipo 1 es el más habitual en Europa. Por desgracia, éste es el que responde peor a los tratamientos disponibles hoy en día contra el VHC. El genotipo 4 también es más difícil de tratar. Las personas con genotipos 2 ó 3 responden mejor al tratamiento.

Existen factores como la edad, el sexo, la duración de la infección, el grado de daño hepático y la presencia de cirrosis, que igualmente son valiosos para predecir la probabilidad de que un tratamiento sea eficaz.

A diferencia de la terapia antirretroviral (contra el VIH), el tratamiento contra el VHC no es indefinido. Su duración dependerá del genotipo del virus y de lo bien que respondas al tratamiento. Los resultados de una prueba tras 12 semanas de terapia permiten predecir si vas a responder o no al tratamiento. En caso negativo, es posible que tu médico sugiera que lo interrumpas.

Los tratamientos actuales contra el VHC son ribavirina e interferón pegilado.

La terapia con interferón pegilado y ribavirina constituye en la actualidad el estándar de atención. Asimismo, se observan unas mejores tasas de respuesta cuando se dosifica el uso de ribavirina en función del peso del paciente y se evita la reducción de dosis. Si es necesario, puede administrarse una terapia de apoyo con una hormona denominada eritropoyetina (EPO).

Las personas con VIH obtienen los mejores resultados cuando el tratamiento se administra poco después de la infección por el VHC. Hasta el 65% de los pacientes que reciben la terapia en ese momento consiguen aclarar el virus, incluso en el caso de estar infectados por las cepas más difíciles de tratar.

No obstante, la tasa de respuesta es mucho menor (en torno al 30%) cuando se trata la infección crónica por VHC en personas con los genotipos más resistentes, aunque el porcentaje es mayor en pacientes con genotipos 2 y 3.

Algunos pacientes responden al tratamiento contra el VHC con más lentitud. En estos casos, puede ser recomendable que mantengan la terapia hasta 72 semanas.

En determinadas circunstancias, si no respondes al tratamiento, es posible realizar un segundo intento. Éste sería el caso, especialmente, si no has recibido una dosis de ribavirina ajustada al peso, si se redujeron las dosis de interferón pegilado o de ribavirina durante el tratamiento, o si estabas tomando fármacos anti-VIH que podrían interactuar con el tratamiento contra la hepatitis C. En el futuro, también podría haber fármacos nuevos y más eficaces.

El personal de enfermería de la clínica tendrá que tomar muestras de sangre de forma periódica mientras estés en tratamiento (por lo general, cada mes) para monitorizar tu salud y comprobar cómo está funcionando el tratamiento. Además, deberían poder ofrecerte apoyo con el fin de que aumentes tus posibilidades de tomar todas las dosis del tratamiento, y darte consejos, apoyo y terapia para reducir cualquier efecto secundario de la medicación.

Objetivos del tratamiento contra la hepatitis C

El objetivo del tratamiento debería ser la erradicación por completo del virus de la hepatitis C. Los médicos a menudo hablan de alcanzar una “respuesta virológica sostenida” (RVS). Esto significa que tendrías unos niveles indetectables del VHC en el organismo seis meses después de finalizar el tratamiento.

No se considerará que hayas conseguido una RVS a menos que tengas una carga viral del VHC indetectable en ese momento.

Efectos secundarios

Los efectos secundarios del tratamiento contra la hepatitis C pueden ser graves, aunque pueden aliviarse a medida que transcurre el tratamiento. Además, al igual que con cualquier otro fármaco, su gravedad será distinta en cada persona.

Entre los efectos secundarios se pueden incluir fiebre elevada, dolor en las articulaciones, pérdida de peso, problemas de piel, pérdida de pelo, sensación de malestar y depresión. Este último problema resulta especialmente común en las personas que toman interferón y es posible que te ofrezcan antidepresivos si estás tomando este fármaco. Algunos pacientes deciden tomar un antidepresivo para evitar que aparezca este efecto secundario.

Otros problemas importantes asociados al uso de interferón son las anomalías sanguíneas, como un nivel bajo de hemoglobina (anemia), un recuento reducido de glóbulos blancos (neutropenia) y/o un recuento bajo de plaquetas (trombocitopenia).

La anemia es un efecto secundario frecuente y puede provocar fatiga y falta de aliento. Los médicos pueden emplear inyecciones de eritropoyetina para aumentar los niveles de glóbulos rojos y hemoglobina a fin de contrarrestar esto. También pueden utilizarse inyecciones de otro fármaco (filgrastim), un G-CSF -factor estimulador de colonias de granulocitos- para aumentar el nivel de glóbulos blancos.

La mayoría de los pacientes con VIH experimentan un descenso en el recuento de CD4 durante el tratamiento con interferón. Se trata de un efecto debido a este fármaco más que al propio VIH. Una vez completado el tratamiento, los recuentos de CD4 deberían volver a los niveles a los que estaban cuando se inició la terapia anti-VHC.

No se tendría que administrar ribavirina a las mujeres embarazadas. Es posible que pueda causar la pérdida del bebé, o que nazca con malformaciones u otros problemas.

Además, ribavirina puede entrar en el esperma del hombre. Es importante no provocar un embarazo con un esperma que contenga este fármaco y hay que evitar que el mismo llegue al feto. Las parejas que han sido tratadas con ribavirina deberían evitar el embarazo durante al menos seis meses tras la finalización del tratamiento.

Si tú o tu pareja habéis tomado ribavirina y crees que hay posibilidades de que se haya producido un embarazo, es importante que se lo comuniques a tu médico inmediatamente.

Interacciones entre fármacos

Los fármacos empleados para tratar el VIH y el VHC pueden interactuar, por lo que, si también necesitas terapia contra la hepatitis, esto puede afectar la elección del tratamiento antirretroviral.

Nunca debería tomarse el fármaco para el VIH ddI (didanosina, Videx) con los fármacos contra la hepatitis C.

Si tienes otras opciones, no es recomendable que tomes AZT (zidovudina, Retrovir; también en Combivir y Trizivir) o d4T (estavudina, Zerit) al mismo tiempo que la terapia anti-VHC.

Abacavir (Ziagen; también en los comprimidos combinados Kivexa y Trizivir) puede reducir los niveles de ribavirina, por lo que su uso tendría que evitarse en la medida de lo posible.

Fármacos contra el VHC en desarrollo

Muchos médicos se muestran optimistas respecto a que, en el futuro, se disponga de fármacos contra el VHC mucho mejores. Entre ellos estarían los inhibidores de la proteasa y los inhibidores de la polimerasa del VHC. Sin embargo, podrían pasar algunos años antes de que estos fármacos estén listos para utilizarse.

Si presentas un daño hepático grave, quizá desees debatir con tu médico si, en tu caso, resultaría adecuado esperar la llegada de nuevos medicamentos.

Una opción es considerar la posibilidad de inscribirse en un ensayo clínico, si hay alguno disponible. Deberías debatir con tu médico los pros y los contras de hacerlo. Podría suponer una alternativa importante para las personas que ya han probado sin éxito los tratamientos contra la hepatitis en el pasado.

Hepatitis information

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