Los relatos de los jóvenes sobre los preservativos pueden ayudar a reformular los mensajes de prevención

Roger Pebody
Published: 15 February 2011

Los temas y preocupaciones tratados en las historias enviadas por la gente joven de seis países africanos deberían ser examinados para ayudar a dar forma a los programas de prevención del VIH, según escribe un equipo de investigadores en la revista Social Science and Medicine. Dadas las reducidas tasas de uso de preservativos en estas poblaciones, es preciso que los programas dispongan de una mejor comprensión de los factores que dificultan o facilitan el uso de condones y de las necesidades informativas, para poder elaborar unas estrategias de comunicación adecuadas.

Kate Winskell, junto con un equipo de colaboradores, aplicó una innovadora metodología de investigación: El análisis cualitativo de los guiones presentados por jóvenes para realizar cortometrajes sobre la temática del VIH y el sida. El concurso ‘Escenarios de África’ tiene lugar cada año y en él se invita a que personas de entre 10 y 24 años propongan una idea creativa que podría servir de base para una película educativa de cinco minutos. Para el concurso de 2005, se presentaron unos 23.000 escenarios procedentes de 35 países.

El equipo de investigación reconoce que los jóvenes participantes no son necesariamente representativos de la población joven más amplia, sino que es probable tengan un mayor nivel educativo, un más alto conocimiento sobre el VIH, posean mayor motivación por este tema y tiendan más a vivir en zonas urbanas. De todos modos, es posible que las historias que cuentan recojan las representaciones culturales y sociales ampliamente compartidas.

"Los relatos ofrecen una visión de cómo las personas dan sentido al mundo y de cómo transmiten a los demás estas percepciones", dicen los autores. "[Los relatos] revelan los recursos culturales disponibles para los jóvenes (...) en su intento de dar sentido al papel de los preservativos en la respuesta frente al VIH/sida".

Para este estudio, los autores analizaron el tema de los 586 textos presentados en 2005 procedentes de seis países: Senegal, Burkina Faso, Nigeria, Kenia, Namibia y Suazilandia. La selección de los países se realizó teniendo en cuenta la diversidad de sus perfiles históricos, religiosos, y de desarrollo, así como factores epidemiológicos.

Algo más de la tercera parte de los relatos hace mención de los preservativos. Fue más frecuente que los personajes adquirieran el virus por no usar condones que aquellas historias en las que se mostró que los preservativos prevenían la infección. En los casos en que no se hizo referencia a los preservativos, la culpa por la infección habitualmente recayó en el comportamiento sexual ‘inmoral’ de los personajes.

Varios de los relatos, sobre todo los procedentes de Nigeria, Kenia y Suazilandia, cuestionan la eficacia, efectividad y seguridad de los condones. De los 120 relatos de Nigeria analizados, solo tres trataron el uso de un preservativo durante las relaciones sexuales, y en todas esas ocasiones, se había roto. Otras narraciones sugieren que los preservativos únicamente resultan eficaces en parte y proponen la abstinencia sexual como una alternativa. Un adolescente nigeriano concluyó: "Muchas personas creen que el preservativo es el verdadero protector (MENTIRA), pero hoy te digo que la verdadera solución es la propia contención".

Diversas historias escritas por jóvenes de Kenia defendían que los preservativos estuvieran disponibles con facilidad, pero al mismo tiempo no aprobaban su empleo. Los condones resultaban moralmente ambivalentes. En un relato, una escena en que se producía la distribución de preservativos en un bar concluyó mostrando el texto escrito en el paquete del preservativo: "Piénsatelo dos veces: El sexo sin protección constituye un riesgo, pero el adulterio y la fornicación representan una relación sexual ilícita, un gran y peligroso pecado”.

Por otro lado, la mayor parte de las narraciones procedentes de Burkina Faso, Suazilandia y Namibia presentaron los preservativos bajo una luz positiva, desenmascarando muchas falsas creencias sobre ellos. Varias historias, a menudo recurriendo al humor y evitando los enfoques moralizantes, contaron con personajes que usaban condones con éxito.

Los relatos de Namibia tendían a presentar los preservativos como una parte normal de la vida, que se da por descontada. En una historia, una de las protagonistas se entera de que su prima, que vive en el campo, tiene dos parejas sexuales, y se mostró sorprendida de que no estuviera utilizando alguna ‘protección’. "¿Dónde has estado? La gente se muere como moscas y tú me preguntas ‘¿protección frente a qué?’”.

Las historias llegadas de Senegal tendían a presentar los condones con términos positivos. Sin embargo, los investigadores encontraron digno de mención que, en este país, que tiene una prevalencia de VIH relativamente baja, las historias se centraban en poblaciones en situación de alto riesgo: trabajadoras sexuales, personas con múltiples parejas, personas seropositivas, extranjeros y emigrantes que regresaban al país. Los autores comentan que esto parece presentar el VIH como algo moral o geográficamente distante, pero que amenaza con irrumpir en la vida de las personas a la menor oportunidad. Un relato trataba sobre un amigo de la infancia que regresa a casa desde Europa enfermo, tras haber adquirido el VIH por haber mantenido relaciones sexuales con una mujer blanca adinerada. El narrador advierte al público de que tenga cuidado con el sida y de que utilice preservativos, “la única medicina” contra esto.

Los investigadores señalan que los programas financiados por el PEPFAR orientan el uso de preservativos a los grupos de alto riesgo y promueven la abstinencia en su lugar. Solo se proporcionan condones a los jóvenes que "se identifican como practicantes de conductas sexuales de riesgo o en situación de alto riesgo de implicarse en ellas". Los autores indican que estas políticas están relacionadas con la difusión de información errónea respecto a la efectividad del preservativo, y que el hecho de vincular el empleo de preservativos con profesionales del sexo u otros grupos estigmatizados actúa como desincentivo para su utilización por otras personas.

En las narraciones de todos los países se reflejó de forma constante a los personajes femeninos como los que iniciaban la negociación del uso del preservativo, mientras que los personajes masculinos eran los que solían resistirse a emplearlo. Las barreras masculinas para la utilización de condones estuvieron relacionadas de forma abrumadora con sus propias creencias y actitudes. Varios personajes masculinos insistían en practicar sexo sin protección a pesar de saber que su pareja tenía VIH, de las advertencias de sus amigos o de la insistencia de la pareja, y, en varias ocasiones, acaban adquiriendo el virus.

Dentro del matrimonio, las mujeres que intentaban negociar el empleo del preservativo se encontraban, de forma invariable, con la resistencia de sus maridos, que a menudo resultaban incluso violentos. A las mujeres que consentían mantener relaciones sexuales sin protección se las presentaba como obligadas a hacerlo debido a factores estructurales: pobreza, una pareja de mayor edad, el matrimonio o el miedo a perder a su pareja. La población femenina que tenía éxito en la negociación sobre el uso del preservativo era representada como no preparada para comprometerse y que se había tomado la molestia de educar a su pareja sobre el VIH/sida.

Los autores sugieren que estos relatos ponen de manifiesto la necesidad de contar con programas educativos y de comunicación que promuevan narraciones alternativas, presentando modelos masculinos de comportamiento que insistan en el uso del preservativo o se nieguen a no utilizarlos bajo presión.

Además, dichos programas tienen que responder a los temas específicos que se observaron en los distintos países. “Los datos indican una clara necesidad de desarrollar programas adaptados al contexto del país relacionados con el uso del preservativo”, escriben. Allí donde predominan los relatos negativos (siendo Nigeria el ejemplo más obvio), existiría una mayor necesidad de entablar un diálogo a nivel comunitario para confrontar y cambiar estas representaciones, concluyen.

Referencia

Winskell K, et al. Making sense of condoms: social representations in young people’s HIV-related narratives from six African countries. Social Science & Medicine (online ahead of print), 2011. doi:10.1016/j.socscimed.2011.01.014