Por su parte, un estudio longitudinal de cohorte que contó con hombres gays de Ámsterdam (Holanda) ha descubierto que la tasa de incidencia del VIH en esta población ha estado incrementándose de forma constante desde la introducción de la terapia antirretroviral de gran actividad [TARGA] a mediados de la década de 1990, sobre todo entre los varones homosexuales más jóvenes (menores de 30 años). La encargada de la presentación del estudio, Iralice Jansen, declaró que los datos previos habían evidenciado un aumento en el número de diagnósticos entre los hombres gays, pero no existían pruebas sobre un aumento de la incidencia.
El Estudio de Cohorte de Ámsterdam es un ensayo de cohorte longitudinal de la infección por VIH entre un grupo de hombres gays inicialmente seronegativos, inscritos a intervalos regulares desde 1984 (con una media de 29 años de edad) y que, a continuación, realizaron pruebas diagnósticas cada seis meses. Para este estudio, la duración media del período de seguimiento fue de seis años.
De los 1.627 hombres incluidos en este estudio, un total de 215 adquirieron el VIH durante el período de seguimiento. La incidencia se calculó suponiendo que el momento de la infección por VIH se produjo en el punto medio entre el resultado positivo del diagnóstico y la anterior prueba negativa. La tasa de incidencia del VIH fue en un principio del 7,4% al año en 1985, pero descendió al 1,3% en 1990, nivel en el que permaneció hasta aproximadamente 1995 y 1997. Desde entonces, ha ido creciendo de forma lenta un 2% anual, aunque el incremento no fue significativo desde el punto de vista estadístico (p= 0,1).
Sin embargo, entre los hombres gays de 30 años o menos de edad, la incidencia anual de VIH, que había sido del 0,9% en 1997, ascendió al 3,8% en julio de 2009. Este resultado se debió a la duplicación súbita del nivel en 2009 (había permanecido en torno al 2% entre 2004 y 2008), pero el aumento observado es estadísticamente significativo (p ≤0,01).
El comportamiento sexual de riesgo reflejó el patrón de incidencia, con un aumento en la proporción de hombres que declararon practicar sexo sin protección con parejas sexuales ocasionales, que pasó de un 12% en 1992 a un 30% en 2008.
Los factores de riesgo más importantes relacionados con la adquisición del VIH fueron la práctica de sexo sin protección con parejas sexuales ocasionales (riesgo relativo [RR]: 4,74), tener más de cinco parejas (RR: 2,5), padecer gonorrea (RR: 5,76) y no tener educación terciaria (RR: 2,11). Se calculó que tres cuartas partes de las nuevas infecciones se debieron a la práctica de sexo con parejas casuales y sólo una cuarta parte, con parejas estables.
No obstante, entre los hombres gays de mayor edad, el sexo sin protección con parejas estables fue más significativo y se registraron tres veces más infecciones por parte de las parejas principales en 2003-2008 entre las personas de más de 50 años que a finales de la década de 1980. Los patrones de incidencia en hombres gays de 25 años y en los de 50 fueron imágenes especulares una de otra: en el caso de los hombres gays más jóvenes, el año 1995 registró el riesgo máximo de infección por parte de una pareja fija, pero en 2009 este riesgo había descendido de forma considerable. Por el contrario, entre los hombres de 50 años, el riesgo máximo de infección por una pareja estable se alcanzó en 2005.
La doctora Jansen comentó que Holanda presentaba una tasa de realización de pruebas del VIH más baja que la de muchos otros países desarrollados: Aunque el 88% de los pacientes atendidos en clínicas de salud sexual se sometieron a la prueba del virus, las tasas son muy inferiores entre los hombres gays que no acuden a dichas clínicas.
En un seminario sobre prevención, el doctor Ken Mayer, del Hospital Miram en Rhode Island, se refirió a este estudio: “Ciertamente, el hecho de observar un aumento de la incidencia en una epidemia madura suscita cierta preocupación”.