Las infecciones oportunistas (sobre todo, la
tuberculosis y la meningitis criptocócica) constituyen la principal causa de problemas
neurológicos en personas que empiezan la terapia antirretroviral (TARV) en
Sudáfrica, según informa un equipo de investigadores en la edición digital de AIDS.
La cuarta parte de los pacientes que fueron
diagnosticados de un trastorno neurológico fallecieron y se perdió el
seguimiento de otra quinta parte. Estas tasas fueron muy superiores a las
observadas entre la población general de pacientes que iniciaban el tratamiento
anti-VIH.
"Se trata, que sepamos, del primer
estudio prospectivo que describe el espectro de los trastornos neurológicos en
los primeros años de TARV", escriben los autores, que añaden que "la
tuberculosis y la meningitis criptocócica, en conjunto, representaron por lo
menos el 60% de los casos”.
Históricamente, la enfermedad neurológica ha sido
una causa importante de enfermedad y muerte entre los pacientes con VIH. Sin
embargo, la mejora de la terapia contra las infecciones oportunistas y la
llegada del tratamiento antirretroviral eficaz han dado lugar a disminuciones
importantes en el número de nuevos casos de enfermedades como la demencia.
No obstante, los pacientes con VIH, sobre todo
en entornos con recursos limitados, siguen presentando un riesgo mayor de
desarrollar desórdenes neurológicos.
La tuberculosis puede causar complicaciones en
el sistema nervioso central (SNC). Además, los pacientes con sistemas inmunitarios
débiles corren un mayor riesgo de desarrollar un síndrome inflamatorio de
reconstitución inmunitaria (SIRI) tras iniciar la terapia antirretroviral. Se
han observado casos de SIRI de tipo neurológico relacionados con la
tuberculosis o la infección por criptococos.
Además, el uso del fármaco anti-VIH efavirenz
(Sustiva®, y también en la pastilla combinada Atripla®) se ha relacionado con
síntomas de tipo neurológico, como alteraciones del sueño o cambios del estado
de ánimo.
Se sabe poco acerca de la gama de trastornos
neurológicos que desarrollan los pacientes que empiezan la terapia antirretroviral
en Sudáfrica.
En consecuencia, durante un período de doce
meses, un equipo de investigadores del Hospital GF Joote en Ciudad del Cabo (Sudáfrica)
realizó un seguimiento prospectivo de los pacientes que comenzaban el
tratamiento anti-VIH entre 2007 y 2008. Se registró la incidencia de trastornos
neurológicos, así como sus causas, terapias y resultados.
Un total de 75 pacientes desarrollaron problemas
neurológicos; la incidencia general fue de 23 casos por cada 1.000 persona-años
de seguimiento. Los investigadores creen que es probable que este valor sea una
subestimación. Resulta plausible que no se contaran los pacientes que
padecieran casos de carácter leve o moderado, mientras que los que sufrieron casos
más graves de la dolencia podrían haber muerto en su casa sin recibir un
diagnóstico o atención médica.
La mediana en el recuento de linfocitos CD4 de
los pacientes fue de 64 células/mm3 en el momento en que recibieron
el diagnóstico de la enfermedad neurológica.
En consonancia con esta grave supresión
inmunitaria, el 36% de los casos de la enfermedad implicaron la presencia de
tuberculosis y el 24%, de meningitis criptocócica. Las lesiones cerebrales supusieron
el 13% de los casos, y la psicosis, el 9%.
Se diagnosticó SIRI relacionado con
tuberculosis en 16 (21%) pacientes. La mayoría (13) fueron tratados con
corticoides; tras seis meses, quince de estas personas aún seguían vivas. Se
perdió el seguimiento del paciente restante.
Cinco pacientes (7%) desarrollaron un SIRI
criptocócico y sólo uno de ellos recibió tratamiento basado en corticoides.
"Ninguno de los pacientes de nuestra
cohorte que presentó un SIRI falleció durante 6 meses de seguimiento; sólo se
perdió el seguimiento de una persona con dicho síndrome relacionado con
tuberculosis y otro con SIRI vinculado a meningitis criptócica", comentan
los autores.
Las lesiones fueron la causa de la enfermedad
neurológica en diez pacientes (13%). La toxoplasmosis se identificó como la
causa en una persona. Dos pacientes fallecieron.
En general, nueve personas (12%) fueron
diagnosticados de psicosis. Cinco de los casos fueron atribuidos a la terapia
con efavirenz, otro al tratamiento con isoniazida y dos casos más al propio VIH.
Tras seis meses, el 57% de los pacientes estaban
vivos, el 23% habían muerto y se perdió el seguimiento del 20% de ellos. Estos
resultados fueron mucho más pobres que los apreciados en la cohorte general de
pacientes que iniciaban la terapia antirretroviral. Sólo murió el 8% de estas
personas y se perdió el seguimiento de entre el 3-5% de los participantes.
"En nuestro entorno, las infecciones
oportunistas, en especial la tuberculosis y la producida por los criptococos,
fueron las causas más importantes de deterioro neurológico durante el primer
año de terapia antirretroviral", concluyen los investigadores, que creen
que la tasa de enfermedades neurológicas observadas en este estudio probablemente
sea una subestimación.
Los autores consideran que su estudio
"tiene una relevancia especial para los programas de tratamiento
antirretroviral en regiones que presentan una elevada prevalencia de
tuberculosis. Destacamos las dificultades relacionadas con el manejo de estos
pacientes en los entornos pobres en recursos".