La vacuna Gardasil previene la infección y la
enfermedad relacionadas con las cepas de alto riesgo del virus del papiloma
humano (VPH) en varones, según informa un equipo internacional de
investigadores en la edición del 3 de febrero de The New England Journal of Medicine.
En el estudio a doble ciego y controlado con
placebo, se incluyeron adolescentes y hombres jóvenes de entre 16 y 26 años y
con experiencia sexual. Entre los participantes que recibieron las tres dosis,
la vacuna redujo en un 90% el riesgo de sufrir lesiones asociadas con las cepas
del VPH de alto riesgo (6, 11, 16 y 18).
La doctora Jane Kim, autora de un artículo
editorial publicado junto al estudio, declaró que sus resultados
"confirman el potencial de las vacunas contra el VPH para prevenir las
enfermedades relacionadas con esa infección tanto en chicos como en hombres”.
La infección por el virus del papiloma humano,
así como las enfermedades asociadas a este, son habituales en adolescentes y
hombres. Aproximadamente la cuarta parte de los cánceres anogenitales vinculados
con la infección por este virus se producen en varones, y un número
desproporcionado de ellos se detectan en hombres gais y otros hombres que
practican sexo con hombres (HSH).
El uso de la vacuna Gardasil en chicas y
mujeres ya ha demostrado ser eficaz para prevenir la infección persistente y la
enfermedad a causa de las cuatro cepas del VHP relacionadas con un riesgo
elevado de ocasionar cánceres anogenitales. En EE UU, el Reino Unido y muchos
otros países, se recomienda que las niñas reciban esta o una vacuna competidora
antes de que sean sexualmente activas.
Para averiguar más sobre la seguridad y eficacia
del empleo de Gardasil en varones, el equipo de investigadores diseñó un
estudio que contó con 4.065 adolescentes y hombres con experiencia sexual,
procedentes de 18 países. Cada uno de los participantes declaró haber tenido
entre una y cinco parejas sexuales en su vida. Las personas incluidas en el
ensayo fueron distribuidas de forma aleatoria en dos grupos de igual tamaño: a
uno de ellos se le administró la vacuna y al otro, un placebo. Tanto la vacuna
como el placebo se inocularon en tres dosis a lo largo de un período de seis
meses.
Se examinó la eficacia de la vacuna para
prevenir la infección y la enfermedad por las cepas del VPH consideradas de
alto riesgo. También se compararon las tasas de efectos secundarios entre los
dos grupos.
En el estudio se inscribieron tanto varones
heterosexuales (3.463) como homosexuales (602).
Los investigadores llevaron a cabo dos
conjuntos de análisis. El primero de ellos contó con todos los participantes que
fueron distribuidos aleatoriamente (análisis por intención de tratamiento),
mientras que el segundo se limitó a los 2.805 pacientes que recibieron las tres
dosis de la vacuna o el placebo (análisis por protocolo).
Transcurrido un mes desde la administración de
la tercera dosis, el 97% de los participantes que recibieron la vacuna
presentaban anticuerpos frente a las cuatro cepas del VPH incluidas en la
misma.
En el análisis por “intención de tratamiento”,
se registraron 36 lesiones genitales relacionadas con el virus del papiloma
humano en el grupo que recibió la vacuna, en comparación con las 89 detectadas
en el brazo de placebo. Esto evidenció que la vacuna tuvo una eficacia general
del 60% en la reducción de la infección.
La vacuna se mostró mucho más efectiva en las
personas que recibieron las tres dosis. Se registraron seis lesiones en el
brazo de vacuna en comparación con las 36 detectadas en el de placebo, lo que
supone una eficacia del 84%.
En el caso de los participantes
heterosexuales, la vacuna mostró una eficacia del 92%, mientras que fue solo
del 79% para los que declararon haber tenido al menos una pareja sexual
masculina.
A continuación, el equipo de investigadores
examinó la capacidad de la vacuna para prevenir la infección persistente por
las cuatro cepas del virus.
En el análisis por intención de tratamiento,
la vacuna demostró una eficacia del 48%. En el caso de los pacientes que
recibieron las tres dosis, la eficacia fue del 86%.
Se registraron proporciones similares de
pacientes en el brazo de vacuna y de placebo que informaron de algún efecto
secundario (69% frente al 64%). La mayoría de ellos consistieron en ligeros
dolores musculares en el punto de inyección.
“Nuestros hallazgos señalan la eficacia de la
vacuna anti-VPH cuadrivalente a la hora de prevenir la infección por este virus
en los hombres, así como la aparición de sus enfermedades asociadas”, comentan
los autores, que concluyen que la eficacia de la vacuna en los varones “puede
ser semejante” a la observada en la población femenina.
Sin embargo, ¿estos resultados implican que
los niños deberían recibir de forma rutinaria una vacuna frente al VPH?
La doctora Kim afirma en su artículo editorial
que los datos procedentes de este estudio sirvieron para tomar la decisión de
licenciar el uso de la vacuna en niños y hombres jóvenes en EE UU. Además,
considera que la investigación “indudablemente es motivo de satisfacción por el
extraordinario potencial de la vacunación contra el VPH para mejorar la salud
tanto en mujeres como en hombres”.
De todos modos, aduce que se deberían sopesar
con cautela los beneficios y los costes que supondría la vacunación rutinaria
en la población masculina. La inmunización de los hombres gais y otros HSH
jóvenes puede resultar rentable, pero la doctora sugiere que, en general, el
dinero invertido en la vacunación rutinaria podría destinarse a otras intervenciones
que “podrían ofrecer unos beneficios sanitarios incluso mayores”.
Concluye
la doctora Kim que es importante “revisar las decisiones políticas a medida que
surgen nuevos datos y tecnologías influyentes, como sin duda será el caso en la
prevención y control de las enfermedades relacionadas con el virus del papiloma
humano”.