La misma conclusión fue tomada, incluso con más fuerza, por el activista de las personas con VIH Julian Hows, quien presentó resultados de un estudio actualizado realizado por Global Network of People Living with HIV/AIDS (GNP+) y Terrence Higgins Trust (THT) sobre leyes de exposición y transmisión criminal en 53 países de Europa y Asia central.
Un rápido análisis de 2004 -publicado en 2005- reveló que, de los 45 países europeos encuestados, en 36 la transmisión actual o potencial del VIH puede constituir un delito criminal.
Durante su presentación, el señor Hows reveló que Suecia, Suiza y Austria permanecían entre los países con mayor criminalización. Tras estos países se encuentran Dinamarca, Finlandia, Francia, Italia, Holanda, Noruega y el Reino Unido.
Sólo Albania, Bulgaria, Estonia, Luxemburgo y Eslovenia no tenían leyes específicas que criminalizasen la exposición al VIH o su transmisión. En Grecia, Mónaco, Portugal, España y Uzbekistán no se disponía de datos fiables.
No obstante, Hows puntualizó que los datos sobre las acusaciones son difíciles de obtener en muchos países y éstos pueden “subestimar significativamente las acusaciones”.
También hizo notar que, en el Reino Unido, a pesar de “sólo” haber existido 16 acusaciones y 12 penas de cárcel hasta la fecha, se han desarrollado más de 100 investigaciones policiales que no llegaron a los tribunales, “pero que tuvieron efectos devastadores en las personas, sus familias y sus comunidades”; sugirió que éste bien podría ser el caso de otros países que persiguen legalmente la exposición o la transmisión.
Por otra parte, añadió información sobre la cuarentena forzosa de personas con VIH percibidas como una amenaza –como en el caso de Suecia-; éstas son también acciones difíciles de averiguar.
Desde 2004, seis países han propuesto o aprobado leyes que criminalizan la exposición al VIH o su transmisión, incluyendo Albania, Moldavia, Montenegro, Kirguistán, Serbia y Turquía. Además, Malta, Polonia, Kirguistán y Serbia pueden ser añadidos en la lista de países que han acusado al menos a una persona por estas razones.
Según Hows, las entidades de apoyo son una luz de esperanza, que ha supuesto –o puede suponer- un impulso positivo en cuatro países.
En Suiza, el comunicado de la Comisión Federal sobre Sida, que refería una falta de capacidad infectiva del VIH en personas que están tomando un tratamiento eficaz, puede revertir una tendencia que llevó a diez acusaciones y ocho penas de cárcel durante los pasados cuatro años.
No obstante, el mes pasado, el Tribunal Supremo suizo sentenció que todas las personas con VIH pueden ser acusadas criminalmente por la transmisión del VIH, incluso si no se han sometido a pruebas diagnósticas.
En Holanda, no se han llevado a cabo acusaciones ni penas de cárcel desde 2005 debido a dos sentencias del Tribunal Supremo holandés en 2005 y 2007, consecuencia de discusiones intensas entre los legisladores, abogados y organizaciones de la sociedad civil.
Sin embargo, hubo una acusación por transmisión intencionada del VIH mediante una aguja con sangre infectada.
En el Reino Unido, nuevas guías desarrolladas por el Crown Prosecution Service han clarificado algunas dudas que han acompañado las acusaciones por transmisión imprudente del VIH y, dado el alto umbral de evidencia necesario, parece que las acusaciones serán un suceso extraño; de hecho, los tres últimos intentos de acusación por transmisión imprudente del VIH en Inglaterra y Gales han fracasado.
Aunque no ha habido un cambio legislativo, la Red Ucraniana de personas que viven con VIH/Sida ha conseguido destacar la poco fiabilidad de los análisis filogenéticos y ha evitado que se llevaran a cabo varias acusaciones.
No obstante, Hows concluyó que “hay una ligera tendencia a incrementar la criminalización en los países estudiados”, y esas “leyes están siendo introducidas o transformadas en más punitivas sin ninguna referencia a evidencias”.
También manifestó que “los esfuerzos realizados por las entidades de apoyo para descriminalizar, cuando es posible, mitigan el efecto de las leyes –cuando no es posible descriminalizar- y, cuando no las hay, aseguran que no se introduzcan este tipo de leyes”.