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Hepatitis C

La hepatitis C, aunque no está relacionada con la hepatitis B, con frecuencia provoca síntomas similares. La mayoría de las personas que viven con el virus de la hepatitis C (VHC) ignoran que están infectadas.

Transmisión

El VHC se transmite, principalmente, a través del contacto sanguíneo directo. La ruta de transmisión más habitual es por compartir material de inyección de drogas -generalmente, agujas y jeringuillas con restos de sangre infectada-, pese a que también se han registrado casos de transmisión sexual. El virus puede sobrevivir durante semanas en las jeringuillas y los envases de lubricante. Asimismo, se ha comprobado que compartir material para esnifar (rulos o billetes) supone un riesgo de transmisión.

Muchas personas igualmente adquirieron el VHC por haber recibido productos sanguíneos durante alguna intervención médica antes de que se introdujeran los procesos de examen y esterilización.

La transmisión sexual del VHC es menos frecuente, pero sucede. Es más probable que tenga lugar cuando está presente otra infección de transmisión sexual (ITS). Además, hay más posibilidades de transmisión cuando se practica sexo anal o muy enérgico. El virus está presente en la saliva, pero por lo general besarse no supone un riesgo, si no es que ambos miembros de la pareja tienen cortes en la boca o les sangran las encías.

En los últimos años, se ha producido un gran aumento en el número de hombres gays con VIH que también se infectan por el VHC a través de la vía sexual.

Parece que existe una relación con las prácticas de sexo duro, registrándose factores de riesgo como la práctica del fisting (inserción del puño), el sexo en grupo y el uso de drogas recreativas durante la actividad sexual. No obstante, en ocasiones, el único factor de riesgo identificable es la práctica de sexo anal sin protección.

Por otra parte, hay pruebas de que algunas infecciones entre los hombres gays con VIH pueden ser el resultado del uso de drogas inyectables y otras rutas compartidas de toma de drogas.

Existen pocos datos sobre la transmisión sexual del VHC entre personas heterosexuales.

La transmisión del VHC de madre a hijo es poco común, pero el riesgo aumenta si la mujer también tiene el VIH. Una carga viral del VHC elevada también aumenta la posibilidad de que este virus pase de madre a hijo. Como en el caso del VIH, el nacimiento por cesárea reduce la posibilidad de transmisión del VHC de madre a hijo.

A diferencia de la hepatitis A y B, tener hepatitis C una vez no implica que seas inmune y no vuelvas a tenerla en otra ocasión. También cabe la posibilidad de reinfectarse por una cepa distinta del VHC.

Prevenir la hepatitis C

Cuando los preservativos se emplean correctamente, pueden disminuir el riesgo de que se produzca la transmisión sexual del VHC, al igual que la del VIH y de otras ITS.

Algunos hombres gays con VIH procuran mantener sólo sexo sin protección con otros hombres que también tienen el virus de la inmunodeficiencia humana (lo que se conoce como serosorting). Sin embargo, debido al riesgo de contraer otras ITS ó el VHC, se recomienda que se sigan utilizando preservativos incluso cuando ambos miembros de la pareja sexual tienen el VIH.

El uso de guantes cuando se practica el fisting resulta igualmente un método de prevención eficaz. En las prácticas de sexo en grupo, no se tendrían que compartir ni los juguetes ni los lubricantes. Entre una pareja y otra se deberían cambiar los guantes y los preservativos.

Las agujas, jeringuillas y otros dispositivos empleados para la inyección de drogas, así como el equipo utilizado para esnifar (como rulos o billetes), nunca deberían compartirse.

Algunos estudios han evidenciado la existencia del riesgo de transmisión del VHC por la lactancia materna, aunque los datos no son concluyentes. No obstante, en los países donde existen alternativas seguras a la leche materna, se aconseja que todas las mujeres con VIH eviten dar el pecho a sus bebés.

Debería evitarse compartir utensilios del hogar que puedan haber tenido algún contacto con sangre (como cuchillas, cepillos de dientes o cortaúñas). El VHC puede vivir fuera del organismo mucho más tiempo que el VIH. No existe riesgo de transmisión por el contacto social normal, como el utilizar vajillas o cuberterías compartidas, ni tampoco por tocar a alguien con hepatitis C.

Las salpicaduras de sangre de una persona que tenga VHC tendrían que limpiarse empleando lejía sin diluir. Por su parte, los arañazos, cortes y heridas deberían limpiarse cuidadosamente y cubrirse con gasas impermeables o con una escayola.

El uso de agujas sin esterilizar para realizar piercings, acupuntura y tatuajes supone un riesgo de transmisión. Deberían utilizarse agujas nuevas y esterilizadas.

Síntomas

Menos del 5% de las personas experimentan algún síntoma cuando se infectan por primera vez por el VHC. Cuando esto ocurre, los síntomas pueden ser ictericia, diarrea y sensación de malestar. A pesar de que no presentes ningún síntoma, de todos modos puedes transmitir el virus a terceros.

A largo plazo, aproximadamente la mitad de las personas con hepatitis C sufrirán algún síntoma. Los más habituales son una sensación generalizada de malestar, cansancio extremo, pérdida de peso, intolerancia al alcohol y a las comidas grasas y depresión.

Progresión de la infección

Sólo un 20% de los pacientes infectados por el virus de la hepatitis C parecen ser capaces de aclarar el virus de la sangre de forma natural, mientras que el 80% restante desarrollará una hepatitis C crónica. Las personas con una infección crónica seguirán teniendo capacidad de infección y pueden transmitir el virus a terceros. Si una persona sigue infectada por el VHC a lo largo de muchos años, puede desarrollar las siguientes complicaciones:

  • Hepatitis crónica

  • Cirrosis hepática
  • Cáncer de hígado

Los patrones de evolución de la infección varían de unas personas a otras. Algunas nunca tienen ninguno de estos problemas, pero una tercera parte de los pacientes con infección crónica desarrollarán una enfermedad hepática grave tras 15-25 años de infección.

La gravedad de la infección puede verse afectada por diversos factores. Se cree que pueden transcurrir entre 30 y 40 años antes de que el VHC provoque cirrosis (una cicatrización grave de los tejidos del hígado). Sin embargo, los hombres, las personas que beben alcohol, las de mayor edad y las que tienen una infección por VIH sin tratar parecen sufrir una progresión más rápida de la infección por el virus de la hepatitis C.

La enfermedad cardiovascular [del corazón] constituye un motivo creciente de preocupación para las personas con VIH. Gracias al tratamiento anti-VIH eficaz, muchos pacientes disfrutan de unas vidas más largas. No obstante, esto supone una mayor probabilidad de que algunos desarrollen problemas cardíacos.

Hoy en día, se sabe que se deben al efecto del propio VIH. Además, algunos fármacos antirretrovirales pueden provocar cambios fisiológicos capaces de contribuir en el desarrollo de enfermedades cardíacas.

En la actualidad, existen algunas pruebas de que las personas coinfectadas por el VHC pueden correr un mayor riesgo de padecer enfermedad cardiovascular. Tu médico del VIH debería hacer un seguimiento de los niveles de grasa en sangre, o lípidos (colesterol y triglicéridos), para ver si estás en situación de riesgo de padecer una cardiopatía. Además, entre las personas coinfectadas por VIH y VHC, se registran mayores tasas de diabetes, un problema que puede también contribuir al desarrollo de la enfermedad cardíaca. Puedes encontrar más información sobre el tipo de pruebas que se efectuarán para monitorizar tu estado de salud en el folleto de información al paciente de NAM: CD4, carga viral y otras pruebas.

Diagnóstico y seguimiento de la hepatitis C

El tratamiento contra el VHC tiene más posibilidades de ser eficaz si se administra poco después de que la persona se infecte por el virus. Por tanto, si te encuentras en situación de riesgo de adquirir la hepatitis C, resulta muy aconsejable que realices pruebas de forma regular para comprobar si tienes la infección. Puedes preguntar al personal que te atiende en la clínica del VIH respecto a estos análisis.

Mediante un análisis de sangre, se puede determinar si has estado expuesto al VHC y presentas anticuerpos contra este virus. Deberías hacerte pruebas de la hepatitis C al menos una vez al año, e incluso con mayor frecuencia, si tu situación es de especial riesgo de contraer el VHC.

También existe una prueba para medir la carga viral del VHC (denominada prueba de reacción en cadena de la polimerasa o PCR, en sus siglas en inglés).

Este análisis permite evidenciar si eres una de las personas que puede aclarar este virus del organismo de forma natural. La viremia del VHC no constituye un indicador de cuándo iniciar el tratamiento, pero puede utilizarse para indicar cuánto tiempo deberías tomar la terapia contra el virus. Si tienes una carga viral del VHC elevada, es posible que requieras un ciclo de tratamiento más prolongado.

Las pruebas de función hepática, que miden los niveles de enzimas elaboradas por el hígado, pueden ofrecer una indicación de si el VHC ha dañado este órgano. Sin embargo, algunas personas con hepatitis C pueden presentar valores normales de la función hepática, a pesar de que hayan sufrido un daño importante en dicho órgano.

Si no está claro qué grado de daño hepático tienes, es posible que haya que realizar una biopsia. Esto supone emplear una aguja hueca para extraer una pequeña muestra del hígado, que es examinada al microscopio para ver si se aprecia algún signo de daño hepático.

Las biopsias hepáticas también pueden utilizarse para ayudar a decidir el tipo de tratamiento anti-VHC que necesitas y durante cuánto tiempo.

Estas biopsias pueden ser desagradables para algunos pacientes (aunque se te administrará un anestésico local) y, en muy raras ocasiones, pueden causar hemorragias o pérdidas de bilis. Si padeces hemofilia, quizá necesites recibir una dosis extra de factor de coagulación antes de la biopsia. Es posible que un número muy reducido de pacientes con hemofilia no puedan someterse a la biopsia por tener unos niveles muy bajos del factor de coagulación.

Para minimizar el riesgo de que haya complicaciones, algunos centros han empezado a proporcionar un método alternativo denominado biopsia hepática transyugular. Se trata de un proceso mediante el cual la biopsia hepática se realiza internamente mediante un alambre hueco, que se inserta a través de una gran vena del cuello (yugular), ayudándose de un equipo de rayos X para orientarse. Este procedimiento reduce el riesgo de que se produzcan hemorragias y otras complicaciones.

Algunos médicos también están examinando la posibilidad de, en vez de realizar biopsias, emplear una batería de pruebas sanguíneas que, en conjunto, permitan ofrecer una impresión precisa de la función hepática y del daño en el hígado. Otro método para valorar el daño en este órgano es la elastografía (FibroScan), que determina la rigidez del hígado mediante una sonda vibratoria. Se trata de una prueba muy similar a la realización de un escáner de ultrasonidos. Actualmente, muchos centros médicos están proporcionando esta prueba como alternativa (o complemento) a la biopsia hepática para llevar a cabo un seguimiento preciso y regular del daño hepático.

¿Cómo afecta el VIH a la hepatitis C?

Parece que las personas coinfectadas por VIH sin tratar y VHC tienen más probabilidad de sufrir un daño hepático que las infectadas tan sólo por el virus de la hepatitis C.

No obstante, existen pruebas de que el tratamiento anti-VIH puede ralentizar la progresión de la infección por VHC.

El efecto de la hepatitis C sobre el VIH

En los países donde se dispone de forma generalizada de un tratamiento anti-VIH potente, los pacientes disfrutan de vidas más largas y sanas. Sin embargo, la enfermedad hepática constituye hoy en día una importante causa de ingresos hospitalarios y muerte entre las personas con VIH debido a los problemas hepáticos relacionados con el VHB y el VHC.

Tener hepatitis C no parece modificar de forma significativa las posibilidades de enfermar por el VIH, desarrollar sida o fallecer por una enfermedad definitoria de este síndrome.

Tratamiento para el VIH si tienes hepatitis C

La terapia antirretroviral puede emplearse de forma segura y eficaz si tienes hepatitis C. Es posible tratar el VIH y el VHC al mismo tiempo.

Si estás coinfectado por el VHC, resulta especialmente indicado que empieces el tratamiento anti-VIH con un recuento de CD4 superior al nivel con que se recomienda empezar a las personas que no tienen hepatitis. El reducir la carga viral del VIH parece disminuir el riesgo de que la hepatitis C ocasione daños en el hígado.

Algunos fármacos anti-VIH pueden provocar efectos secundarios que afectan a este órgano.

Por ejemplo, los fármacos más antiguos -y en la actualidad poco usados- ddI (didanosina, Videx) y d4T (estavudina, Zerit) se han relacionado con un mayor riesgo de desarrollar esteatosis hepática [“hígado graso”], que consiste en la acumulación de grasa en el hígado.

Tu médico y tú deberíais tener estos factores en cuenta a la hora de seleccionar los fármacos anti-VIH que vayas a tomar. Además, es altamente recomendable realizar un seguimiento estrecho del estado del hígado una vez hayas comenzado la terapia antirretroviral.

Hepatitis information

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