El tratamiento diario
con cotrimoxazol redujo de forma significativa la parasitemia por malaria y la
anemia asociada a esta en mujeres infectadas por VIH, en comparación con la terapia
preventiva intermitente con sulfadoxina-pirimetamina (S-P), según se desprende
de los resultados de un estudio llevado a cabo en Malaui. Los hallazgos han
sido publicados de forma avanzada en la edición digital de Journal of Infetious Diseases.
El ensayo fue
realizado por investigadores asociados al Programa de Investigación Clínica
Malaui-Liverpool-Wellcome y Médicos sin Fronteras, con el apoyo de la Universidad de
Carolina del Norte-Chapel Hill.
Se recomienda el empleo
de cotrimoxazol (un antibiótico barato, con amplia disponibilidad como
medicamento esencial en regiones afectadas por malaria) como profilaxis contra
las infecciones bacterianas y la neumonía por Pneumocystis carinii en personas con VIH.
Cotrimoxazol también
ha mostrado un efecto protector contra la malaria, que constituye una de las
principales causas de morbimortalidad en mujeres embarazadas (y en sus hijos,
que pueden adquirir malaria placentaria si su madre sufre un episodio agudo de esta
enfermedad durante el embarazo).
Las mujeres con VIH
presentan una vulnerabilidad frente al desarrollo de malaria clínica durante el
embarazo superior a la de otras mujeres, además de correr un mayor riesgo de
padecer anemia, particularmente en sus variantes más graves. Los hijos de
mujeres seropositivas que han desarrollado malaria, asimismo, tienen una
probabilidad más alta de tener un bajo peso al nacer (Ter Kuile). Existen
evidencias clínicas contradictorias acerca de hasta qué punto padecer malaria
durante la gestación incrementa el riesgo de transmisión vertical del VIH.
En el caso de las mujeres
sin VIH, el método estándar para prevenir la malaria durante el embarazo consiste
en la toma de un tratamiento intermitente con sulfadoxina-pirimetamina.
Sin embargo, la Organización Mundial
de la Salud
(OMS) no recomienda esta terapia con S-P en mujeres embarazadas con VIH que ya
toman cotrimoxazol, debido a un mayor riesgo de experimentar reacciones
adversas asociadas a las sulfamidas (ambos medicamentos son antibióticos de la
familia de las sulfonamidas).
Aunque ya se sabe cuál
es la actividad protectora de cotrimoxazol frente a la malaria en adultos y niños con VIH, se desconocen su
eficacia y seguridad en la prevención de esta enfermedad en mujeres gestantes seropositivas.
El estudio realizado
en Malaui consistió en un análisis transversal de las respuestas frente al uso
de cotrimoxazol o de S-P en mujeres embarazadas con VIH. Las mujeres no fueron
distribuidas de forma aleatoria; el análisis transversal se decidió por las
dudas que generó en el equipo médico de un hospital la implantación de las
nuevas directrices del gobierno del país, que recomendaban la profilaxis con
cotrimoxazol en mujeres embarazadas con VIH en 2007. Hasta ese momento, la población
femenina en estado de gestación había recibido S-P de forma intermitente.
Así, el equipo de
investigadores pudo comparar dos grupos de mujeres que recibieron distintos
tratamientos y que participaban de forma simultánea en otro estudio transversal
que evaluaba el efecto de la toma de suplementos de hierro en mujeres
embarazadas con VIH sobre las enfermedades maternas. El ensayo incluyó a
mujeres que acudieron al servicio de atención prenatal del hospital como mínimo
a las 34 semanas de embarazo.
Debido a la naturaleza
transversal del estudio, los resultados evaluados fueron marcadores de
laboratorio en lugar de la morbilidad asociada a malaria. El estudio evaluó la
parasitemia y anemia relacionadas con esta enfermedad.
El ensayo contó con
1.142 mujeres embarazadas con una mediana de edad de 27 años y una mediana del
recuento de CD4 de 427 células/mm3. El 60% usaba telas mosquiteras
en la cama para reducir el riesgo de las picaduras de mosquito (en Malaui se aconseja que todas las
mujeres embarazadas utilicen mosquiteras tratadas con insecticida).
El 48,5% de las
participantes ya tomaba una terapia antirretroviral acorde con las directrices
nacionales terapéuticas del país, que recomiendan el tratamiento de todas las
mujeres embarazadas con estadios 3 o 4 de la infección por VIH (según los
criterios de la OMS)
o con recuentos de CD4 inferiores a 250 células/mm3.
Se dispuso de datos
relativos al uso de cotrimoxazol y S-P en el 98,2% de las mujeres, de las cuales
el 49,7% recibieron S-P intermitente (solo tres dosis), el 29,8%, solo
cotrimoxazol y el 15,4%, cotrimoxazol y S-P intermitente. Un 5% de las mujeres no recibió profilaxis.
Los investigadores
hallaron que, tras ajustar los resultados en función de la edad, los recuentos
de CD4, la utilización de mosquiteras en la cama, el número de visitas
prenatales y el número de embarazos, en comparación con las mujeres que
recibieron solo S-P intermitente, las que tomaron cotrimoxazol presentaron una
probabilidad significativamente inferior de presentar parasitemia por malaria
(cociente de probabilidades [CP]: 0,43; intervalo de confianza del 95% [IC95%]:
0,19 - 0,97), al igual que aquellas que recibieron cotrimoxazol y S-P
intermitente (CP: 0,09; IC95%: 0,01 - 0,66) respecto a las que tomaron solo S-P
de forma intermitente.
La prevalencia de
parasitemia también fue menor en mujeres que recibieron cotrimoxazol durante
más de 30 días (p= 0,002).
Del mismo modo, las
mujeres que tomaron cotrimoxazol mostraron una menor probabilidad de padecer
anemia (niveles de hemoglobina <11 g/dL) (solo cotrimoxazol, CP: 0,67;
cotrimoxazol y S-P, CP: 0,72). La prevalencia de la anemia no se vio afectada
por la duración de la profilaxis basada en cotrimoxazol, aunque las
concentraciones de hemoglobina fueron significativamente inferiores en mujeres
que tomaron este antibiótico durante menos de 30 días en comparación con
aquellas que lo hicieron más de 60. Este hecho tuvo lugar a pesar de que tanto
cotrimoxazol como S-P pueden incrementar el riesgo de sufrir anemia.
El equipo de investigadores
sugiere que cotrimoxazol podría haber demostrado una eficacia preventiva superior
frente a la malaria debido a la mayor frecuencia de toma de dosis.
También señalaron que
una limitación del estudio es que solo se incluyeron mujeres en el tercer
trimestre de embarazo y confiaron en los datos aportados por las participantes
en relación con la exposición a fármacos para evaluar la eficacia del
tratamiento.
“Nuestro estudio ha
evidenciado los retos que países con recursos limitados tales como Malaui deben
afrontar a la hora de cambiar sus políticas sobre fármacos. La planificación
adecuada y la formación oportuna del personal sanitario debería preceder siempre
a la implementación de los cambios, sobre todo en entornos donde se dan cambios
frecuentes en las políticas”, afirmaron autores.
Estos
manifestaron que, para evaluar si el uso conjunto de cotrimoxazol y S-P resulta
más eficaz que emplear cotrimoxazol solo para prevenir la malaria en mujeres
con VIH, tendría que realizarse un ensayo de distribución aleatoria.