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Diagnóstico de la tuberculosis

Tuberculosis activa

Debido a que los síntomas de la tuberculosis pueden confundirse con los de otras enfermedades que se observan en personas con VIH, con frecuencia los médicos llevarán a cabo diferentes pruebas para determinar qué está causando la enfermedad. Además, como los síntomas de la tuberculosis pueden aparecer lentamente (a menudo a lo largo de un período de meses) pueden ser difíciles de identificar por el paciente o su médico.

La prueba estándar es una radiografía del tórax. La tuberculosis puede presentarse de diferentes modos:

  • La tuberculosis puede causar manchas blancas observables en las radiografías, que pueden tener agujeros o cavidades en su interior.
  • En ocasiones puede darse un fenómeno conocido como “efusión pleural”. Se trata de un fluido pulmonar que aparece como un bloque de color blanco en el fondo del pulmón.

Pueden tomarse muestras de flemas para determinar la presencia de los gérmenes de la tuberculosis. Si se detectan, significa que la persona tiene una tuberculosis activa y que puede transmitir la infección a otras personas.

A veces el pulmón se examina con una pequeña cámara introducida por la nariz. Esta prueba se realiza con anestesia local. Se llama broncoscopia y sólo se realizará si los médicos no saben con seguridad cuál es el agente causal de la enfermedad.

También pueden tomarse muestras de tejido (biopsia) del lugar de la infección, empleando anestesia, y examinarlas al microscopio. Una vez más, esta prueba sólo debería realizarse si los médicos no pueden diagnosticar la causa de la infección mediante otros métodos más sencillos.

Cuando se detecten las bacterias causantes de la tuberculosis, se evaluará en el laboratorio a qué fármacos antituberculosos son sensibles. Estas pruebas ayudarán a los médicos a seleccionar el tratamiento más adecuado para ti.

Tuberculosis latente

También existen pruebas para determinar si una persona tiene tuberculosis latente –es decir, presente en el cuerpo, pero que no está causando enfermedad–.

Para diagnosticar la tuberculosis latente también pueden ser útiles las radiografías torácicas. El tejido cicatricial contiene, con frecuencia, calcificaciones alrededor de la zona con tuberculosis, y se ven como una especie de “sombra”.

Otra prueba diagnóstica es la conocida como prueba de Mantoux o prueba cutánea de la tuberculina (prueba PPD [derivado proteínico purificado, en sus siglas en inglés]). Esta prueba implica la inyección en la piel de una pequeña cantidad de proteínas purificadas de la tuberculosis. Tras unos días, el área de inyección puede mostrar una reacción de enrojecimiento o endurecimiento.

Cuanto mayor sea el tamaño de esta reacción, mayor será la probabilidad de que la persona haya sido infectada por tuberculosis en el pasado, y presente una infección en fase activa o latente.

Sin embargo, la ausencia de reacción no prueba que una persona no tenga la tuberculosis. Este hecho es particularmente importante en personas con sistemas inmunitarios muy debilitados. Además, la prueba de Mantoux no produce resultados muy precisos en personas que han recibido la vacuna BCG (encontrarás más información al respecto en la siguiente sección). En Europa, esta vacuna se administra a la mayoría de los niños en edad escolar.

Existe una nueva prueba sanguínea más fiable y rápida denominada T SPOT-TB. Evalúa la presencia de unas células inmunitarias clave llamadas linfocitos-T, que el cuerpo produce en respuesta a la tuberculosis. Existen algunas pruebas científicas que evidencian que es capaz de realizar la detección de tuberculosis de forma más precisa que la prueba de Mantoux en personas con un sistema inmunitario debilitado a causa del VIH.