Las personas con VIH pueden recibir una atención
médica excelente y mantener una buena adhesión al tratamiento antirretroviral a
pesar de la escasez de personal y recursos, pero las actitudes y actuaciones del
colectivo de enfermería y las experiencias de los pacientes de la clínica con
frecuencia resultan cruciales para determinar el grado de satisfacción de estos
últimos con la atención recibida y si siguen volviendo a la clínica, según
evidencia un estudio realizado en Zimbabue.
Catherine Campbell y un equipo de colaboradores
informó de los resultados de un estudio cualitativo sobre las percepciones del
personal de enfermería y sus pacientes respecto al tratamiento antirretroviral
en tres sedes de la zona rural de Zimbabue. Este estudio fue publicado en la
edición digital de International Journal
of Nursing Studies.
Tanto el personal de enfermería como los
pacientes hicieron hincapié en la importancia de la amabilidad de dichos
trabajadores sanitarios, la comprensión, la confidencialidad, la capacidad de
escuchar, la aceptación del VIH como cualquier otra enfermedad y la adhesión al
tratamiento.
Las diferentes expectativas y prioridades
plantearon desafíos para el colectivo de enfermería y los pacientes. Por
ejemplo, a menudo, los técnicos sanitarios no se percataron de lo doloroso y
difícil que resultaron para los pacientes los largos tiempos de espera y las
frecuentes visitas hospitalarias.
Una importante fuente de frustración, tanto
para los pacientes como para el personal, fue la imprevisibilidad de los
servicios clave, incluyendo el pago de servicios, el tiempo de espera hasta ser
atendido y la disponibilidad de medicamentos y/o turnos del médico.
Gracias a la creciente disponibilidad y
asequibilidad del tratamiento antirretroviral en el África subsahariana, la
infección por VIH puede ser considerada como una enfermedad crónica y manejable,
en lugar de aguda y merecedora predominantemente de cuidados paliativos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la
administración de tratamiento anti-VIH a través de centros de salud como parte
de un paquete de atención que incluya el uso de profilaxis con cotrimoxazol, la
realización de counselling, el manejo
de las infecciones oportunistas y otras comorbilidades, así como el apoyo
nutricional.
Una vez iniciada la terapia anti-VIH por recomendación
médica, el seguimiento del paciente lo realiza de manera preferente el personal
de enfermería, sobre el que recaen cada vez más responsabilidades de las anteriormente
atendidas por los facultativos (lo que se conoce como ‘cambio de tareas’).
Los autores destacan que el despliegue de los
programas de provisión de antirretrovirales plantea tanto oportunidades como retos
para los trabajadores sanitarios, “presagiando una nueva era de la enfermería
del VIH en África”. El acceso al tratamiento antirretroviral implica que el
personal de enfermería entablará un tipo diferente de relación con los
pacientes, interactuando con mayor frecuencia durante un largo período de
tiempo.
Para aprovechar al máximo estas oportunidades
positivas es necesario, según los investigadores, una mayor comprensión de lo
que suponen estos cambios, en particular en lo referente a la mejor manera de apoyar
a enfermeras y pacientes.
El presente estudio de caso se centró en el
modo en que pacientes y personal de enfermería percibieron los cambios y
desafíos planteados por la terapia anti-VIH. La mejora de la atención médica en
entornos con recursos escasos requiere una comprensión de lo que los
trabajadores sanitarios y los pacientes consideran una buena atención clínica,
señalan los autores. El examen de las diferencias en sus percepciones resulta
fundamental para mejorar la atención sanitaria y, así, contribuir a conseguir
las mejores prácticas en la enfermería asociada al VIH.
Cuatro trabajadores de campo llevaron a cabo investigaciones,
entrevistas y grupos de discusión, además de 100 horas de observación de los
entornos de tratamiento a lo largo de un período de seis semanas en 2009 en
tres sedes que proporcionaban antirretrovirales de forma gratuita en zonas rurales
de Zimbabue: una clínica católica, un hospital anglicano y un hospital del estado.
La tasa de infección por VIH en adultos es aproximadamente de un 20%. Para proteger la identidad de los
participantes, se excluyeron los detalles específicos.
En las entrevistas y los grupos de discusión
participaron un total de 53 pacientes que recibían tratamiento antirretroviral
y 40 cuidadores infantiles que también tomaban terapia anti-VIH. En los grupos de
discusión, a los pacientes se les invitó a hacer una interpretación teatral
sobre ‘un buen día’ y ‘un mal día’ en la clínica.
Se entrevistó a veinticinco miembros del
personal sanitario (principalmente de enfermería, pero también de counselling, de farmacia y de oficinas).
Debido a la escasez de personal, sólo fue posible realizar un grupo de
discusión en el hospital anglicano.
En su inmensa mayoría, la respuesta de
pacientes y técnicos de enfermería fue extremadamente positiva.
La atención médica de alta calidad constituyó
la norma en un entorno donde el estrés crónico es un hecho debido a la escasez
crítica de personal, fármacos y/o equipos, la falta de respeto entre los
distintos grupos profesionales sanitarios y los niveles bajos o inexistentes de
transparencia y responsabilidad. Los autores hacen hincapié en que estos
hallazgos contradicen la mayor parte de las preocupaciones de la investigación,
que se centran en la falta de adhesión y el síndrome de ‘quemado’ del personal.
Esto sugiere que la mejora de la atención pasa por entender y abordar las
distintas necesidades y prioridades de los trabajadores sanitarios y de los
pacientes, añaden.
Los hallazgos fueron agrupados en cinco áreas
temáticas:
1)
interacción ideal entre personal
de enfermería y pacientes
2)
obediencia frente a adhesión
3)
control/distribución de
antirretrovirales
4) disponibilidad clínica del VIH
5)
‘áreas grises’ en torno a los
pagos y el acceso al servicio
En todas las sedes, tanto los pacientes como el
personal de enfermería dieron importancia a la amabilidad, la confidencialidad
y al hecho de no ser tratados de manera diferente (estigmatización). Los dos
grupos de población afirmaron que el escuchar resultó clave para obtener una
buena atención clínica.
Tanto el colectivo de enfermería como los
pacientes admitieron la importancia de la adhesión, y los pacientes
reconocieron que las instrucciones de las enfermeras fueron cruciales.
Sin embargo, a veces, la frontera entre la
adhesión y la obediencia fue borrosa. El personal de enfermería dio órdenes a
los pacientes únicamente para mostrar su poder sobre ellos, una manera de
lidiar con el estrés de trabajar en un entorno con recursos limitados y, a
menudo, imprevisible, señalan los investigadores. Por ejemplo, una enfermera podría
decir: "Todo el mundo sentado, no voy a atender a nadie que esté de pie”.
Los esfuerzos para cambiar el comportamiento
de los trabajadores sanitarios en estos lugares son limitados si no se abordan
las raíces de los mismos, subrayan los autores. No obstante, en este entorno,
la atención compasiva constituyó la norma. Entender lo que hace que esto sea
posible en dicho entorno resulta fundamental para ayudar a "apoyar los
esfuerzos futuros a fin de fomentar relaciones positivas entre los pacientes y el
personal sanitario en entornos con recursos escasos”.
El área donde se produjeron los mayores
malentendidos fue la relacionada con la organización del programa de provisión
de antirretrovirales. Los pacientes mostraron confianza en su capacidad para
mantener la adhesión, desearon realizar un menor número de visitas de modo que
se les recetaran varios meses de antirretrovirales de una vez, tuvieron dificultades
para pagar la tarifa de uno o dos dólares por consulta y pidieron tiempos de
espera más cortos. Por lo general, las visitas agotaban sus ya de por sí limitados
recursos económicos y físicos.
Los pacientes consideraron que un/a buen/a
enfermero/a o farmacéutico/a es el que les prescribe varios meses de
antirretrovirales a la vez, mientras que los que les entregaron pequeñas
cantidades fueron percibidos como malos. Los pacientes no apreciaron esto como
el deseo del personal de enfermería de hacer un seguimiento estrecho de la
terapia, ni tampoco valoraron el hecho de que, a menudo, hay un suministro
escaso de antirretrovirales. Los trabajadores sanitarios, a su vez, no reconocieron
estas fuentes de estrés para el paciente.
Los autores sugieren que encontrar formas de
acelerar las visitas de pacientes durante los días de revisión de la terapia (examen
médico y reposición de fármacos) podría aliviar en gran medida el considerable estrés
que experimentan los pacientes. Así, por ejemplo, recomiendan realizar dicha revisión
en más de uno o dos días a la semana, o aumentar el personal en los días de
alta carga de trabajo.
Los investigadores señalan que casi todos los
pacientes son pobres y necesitan la asistencia de una enfermera o médico, por
lo que el personal sanitario no tendrá claro a quién dar prioridad. Además de
todo esto, estarán las presiones para ayudar a familiares y amigos. Atender
peticiones contradictorias forma parte de su rutina de trabajo.
Los autores también indican que sus hallazgos
sugieren que la fe religiosa ofrece un sentido de solidaridad que requiere un
estudio más detallado.
Por último, apuntan que su estudio se llevó a
cabo cuando la terapia antirretroviral sólo se había introducido en sus sedes
un año atrás, lo que "limita la comprensión de la evolución a largo plazo
de las relaciones entre paciente y proveedor de salud en la era del tratamiento
antirretroviral". Se prevé la realización de un estudio de seguimiento en
el año 2012 para revisar estos resultados iniciales.